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martes, 19 de enero de 2010

Guardamemorias


INFORME BANDELIER
(II)

 Por José Manuel García-García

Noviembre de 1883.
Después de la primera entrevista, Bandelier le regaló a Ortiz un librito: Report on the United States and Mexican Boundary Survey, de William Hemsley Emory, publicado en 1857.
Por su parte, Ortiz le proporcionó a Bandelier el volumen Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México, compuesto por el reverendo padre Fray Augustín de Vetancourt, publicado en 1697. En realidad era sólo la cuarta parte del compendio del Teatro Mexicano de los Sucesos Religiosos. Pero la generosidad hacia el suizo tenía sus límites.
En el libro de Hemsley el padre pudo ver de nuevo la litografía del pintor francés Augustus de Vaudricourt. La pintura se llamaba «The Plaza and Church of El Paso del Norte». Era en color sepia. En el paisaje desértico, dominaba la iglesia de Guadalupe. Un monolito sin adornos con una pequeña torre independiente a la iglesia que hacía las veces de campanario. El conjunto era adornado con elementos pintorescos: gente saliendo de misa, jinetes a trote cruzando la calle Real de San Lorenzo, indios vendiendo sus mercancías en la placita invadida por las arenas del desierto. El conjunto no guardaba las debidas proporciones. Era una litografía apresurada. Apreciable por algunos detalles costumbristas: la bandera mexicana al fondo, en los límites del pueblo, sobre un poste que coronaba la muralla detrás de la iglesia. Una parvada de pájaros revoloteando sobre la iglesia, una pareja yendo a misa, cosas así… la pintura estaba fechada en 1850.
La imagen y el vino le despertaron nostalgias al padre Ortiz. En 1950, efectivamente, conoció a Vaudricourt que trabajaba como topógrafo en el equipo para establecer los límites internacionales entre Estados Unidos y México. Lo vio un par de veces. Después, el padre Ortiz supo que Vaudricourt había peleado con su jefe Bartlett; por fortuna, las litografías las había rescatado Hemsley y ahora allí estaban ante sus ojos.
Ortiz recordó también la guerra del 48, en la que él participó contra el ejército norteamericano. Han pasado 35 años, dos generaciones de mexicanos fronterizos. 35 años de la toma de la ciudad por Alexander William Doniphan; por 12 días la bandera norteamericana hondeó triunfante en la placita pública de Paso del Norte.
«Ahora», dice Ortiz, «tengo 70 años. Pero en aquellos tiempos podía usar mi rifle y defender mis propiedades. Usar mi armas, esas que me acompañaron en las campañas contra los bárbaros apaches, y contra los juaristas enemigos de la iglesia».
Para algunos (esto lo sabía Bandelier), el padre Ortiz era un político conservador, dueño de extensos terrenos en los tres estados vecinos. Terrenos donde laboraban familias de indios mal pagados. Para otros, Ortiz era el admirable administrador de una iglesia que había sabido enfrentar con mano férrea a los enemigos de Dios.

*

Antes de despedirse, Bandelier le leyó a Ortiz un pasaje de Alexander Von Humboldt: «Los habitantes de El Paso del Norte han conservado en la memoria de un acontecimiento muy extraño que sucedió en el año de 1752: Vieron quedarse repentinamente seca toda la madre del río treinta leguas más arriba y veinte leguas más abajo del El Paso: el agua del río se precipitó en una grieta nuevamente formada y no volvió a salir de la tierra hasta cerca del presidio de San Elizario».
El padre Ortiz escuchó el pasaje con atención. Observó el rostro blanco de Bandelier, sus ojos azules, curiosos, inquisitivos. No, el padre no sabía nada de grietas en el río Bravo. Han de ser leyendas indias. Algo relacionado con las leyendas herejes de aquellos tiempos. Los supuestos danzantes de la gran Kiva, cosas así.
Para borrar la mala impresión que podía haber dejado, Bandelier le leyó otro pasaje del mismo libro de Von Humboldt: «Las inmediaciones de El Paso son un país delicioso, que se asemeja a los sitios más hermosos de Andalucía. Los campos están sembrados de maíz y trigo, los viñedos producen excelentes vinos generosos que se prefieren aún a los de Parras de la Nueva Vizcaya, las huertas abundan de todos los árboles frutales de Europa como higueras, albérchigos, manzanos y perales». El efecto de estas palabras fue inmediato. Ortiz sonreía ante estas imágenes. Le interesó saber más del autor y de la fecha cuando había publicado esto. Bandelier le explicó de la gran contribución de Von Humboldt para dar a conocer el continente americano a Europa. El Paso del Norte descrito por el naturalista alemán era de 1803, a principios de siglo.
Ortiz volvió a reconciliarse con la idea positiva que tenía de Bandelier. Sabía de él que era suizo de nacimiento, alemán-norteamericano por educación, y que era un arqueólogo financiado por filántropos que admiraban las culturas indígenas del continente. Sabía también que Bandelier tenía 43 años y que se dedicaba a ir de pueblo en pueblo para entrevistar a los indios acerca de sus maneras de vivir.
«Vaya a entrevistar a Nico», le dijo Ortiz a Bandelier, «es uno de los últimos Mansos que viven en nuestra villa».

*

Noviembre, 1883.
En el mitote del 12 de noviembre Bandelier lleva 7 botones del sagrado hikuri. Nico dirige los matachines, uno toca el tambor, los matachines danzan en filas de tres, llevan el color del corazón de hikuri: el rojo. Para el padre Ortiz los indios sólo están ensayando para las fiestas a la virgen. Los indios toman discretamente aguardiente o mezcalito, mastican pinole. Al terminar la fiesta van al Barreal donde comen mole de guajolote y más mezcalito.
Los indios miran de reojo a Bandelier, en espera de que le arda la boca con el chile y salte pidiendo agua. Bandelier come, le gusta el mole, la compañía, el mitote.
En la noche los Manso rodean la casa de uno de los indios. Sólo entran los y capitanes y el invitado Bandelier. En el interior está hay un círculo pintado de cal. El círculo se divide en 7 partes adornadas de símbolos-fetiche.
El principal pertenece a un hombre vestido de blanco.
«Mira», le dice Nico a Bandelier, «el que te invito aquí no fui yo; fue éste, se llama Manuel, Manuel Huero».
«¿Es el curandero?», pregunta sonriendo Bandelier.
Todos fuman el «cigarrito de la risa». Uno de los capitanes trae el cántaro (que de inmediato reconoce Bandelier), Manu (así lo llaman), lo rompe y quedan en el suelo los botones del sagrado peyotl. La ceremonia se inicia, con cantos, el canto a la virgen, el canto a las águilas, el canto al cuchillo parado, el canto al peyote. La noche es larga.
La nación Manso no es fuerte. Este es su último mitote. El curandero les ha dicho que deben unirse a los demás pueblos, ser parte de ellos, aprender sus modos y lenguas. Quedarse a trabajar con ellos. Casarse con las mujeres de otras lenguas. Hasta que llegue el tiempo de los hombres verdaderos. A la flor le toca ser flor en primavera, le toca morir luego, dejar la semilla en lo profundo de la tierra. Hoy vamos a lo profundo de la tierra. Hoy a nosotros nos toca ser el origen, volver a ser la semilla. Guarden en sus corazones el canto de las águilas y el cuchillo y el peyote, llévenlo al altar de la virgen hasta que llegue el tiempo de la nueva primavera.
«¡Huero pendejo!» exclamó Nico. «Todavía es el tiempo de la guerra, todavía estamos aquí en la casa del sol, yo veo gentes, no semillas».

*

Noviembre,  1883.
Bandelier transcribe por un par de días informes de los Libros de Bautismos. Conversa con el padre Ortiz (que se muestra más amigable cada día).
Sale a buscar a Nico, no está en su casa. Busca al Huero, se ha ido a trabajar. Están contratando indios para terminar un nuevo tramo de vía férrea.
«El progreso», piensa irónico Bandelier.


*
Verano, 1684.
El nuevo gobernador de los Manso fue Diego. Convocó a los Mansos que vivían en todos los pueblos y rancherías de la región. Que fueran al pueblo del bravo Chiquito. Los Manso salieron de noche de sus pueblos y rancherías. Fueron al pueblo de Manso Chiquito.
Cruzate envió al genízaro Juan con una carta, que volvieran a sus pueblos.
Los Manso se negaron. Les habían matado mucha gente; les habían torturado mucha gente.
Los Manso iniciaron la danza de la guerra. Oyeron la voz del peyotl: unirse en la guerra, danzar en el círculo de la guerra, en torno al cuchillo parado de la guerra.

Los curandero hablaron de sangre, del río que se hundiría de nuevo para matar de sed a los invasores.
Que las tormentas de viento negro dejarían ciegos a los hombres blancos, que las enfermedades se comerían a sus hijos, que los zopilotes vinieran a limpiar las calles y los huesos de los que hablaban del dios cristiano, del rey de España, del poder del arcabuz y el rosario.
Las danzas se prologaron a pesar del calor de junio, con la ayuda del pinolito y el fresco mezcalito y el peyotl que adormecía le lengua de los danzantes.

Informado por sus espías, Cruzate atacó por sorpresa a los Mansos, quemó la ranchería de Chiquito, pero los indios habían escapado antes. Cruzate recibió a retaguardia una lluvia de flechas, él respondió con arcabuces. La batalla duró unas horas.
Cruzate regresó malcontento a El Paso, a reorganizar a sus hombres. A los prisioneros Mansos los torturó en la placita, frente a la iglesia de la virgen. Luego, ordenó ejecutar a los 8 jefes Mansos que había hecho prisioneros. Entre los muertos estaban: el gobernador Manso don Luis, Juan el Quivira, Diego y Chiquito (el último de los grandes guerreros Manso).
Eran las tres de la tarde del día 5 de agosto de 1684.
Sus cuerpos quedaron allí, colgados frente a la iglesia, por semanas, para escarmiento de los indios.
«¿Querían volver a su pueblo?, pues faltaba más, que se queden cuanto quieran, en el mero centro de su pueblo», dijo el gobernador victorioso.

La guerra entre Mansos continuó por meses. Hasta que los últimos guerreros fueron dispersados. Muchos murieron, pocos escaparon a río arriba, (o a Sonora o a la sierra de Chihuahua donde las tribus amigas siempre los ayudaron).


*

Han pasado 5 años desde la última visita de Bandelier a Paso del Norte.
Estamos ahora a principios de abril de 1888.
Bandelier sufre de terribles dolores de «ciática», apenas puede caminar. Se dirige de El Paso, Texas, a Paso del Norte. Nota lo verde de los sembradíos, la aparición de nuevos comercios y edificios. La transformación del pueblo. Ahora es un «pueblo mestizo», murmura el arqueólogo Bandelier.
El cura Ortiz, ahora más viejo: 75 años; lo recibe con amabilidad. Claro que lo atenderá bien: «usted será nuestro historiador estimado Bandelier, usted aclarará todas las mentiras hechas por enemigos de la iglesia». El arqueólogo suda, se duele de su padecimiento. Un ayudante recibe los legajos de los libros de casamientos que esa misma tarde Bandelier repasa y copia.
Una par de días después, Ortiz dispone, como la vez anterior, de un carrito de mulas para que lleve al arqueólogo al «Muladar» (el «Barreal»). Allí encuentra por fin a (Manu, Mano) Huero.
Informes de Manuel Huero: Nico se defendió de los policías, hirió a uno, escapó a Las Cruces, Nuevo México. Se llevó a la mujer de Manu. «A una de ellas», aclara Manu.
Siguen los informes: «Los Manso fuimos una nación que le dio guerra a los blancos. Se nos metieron por la fe y el trabajo forzado. Vivíamos en las sierras junto al río, y aquí en donde ahora está la iglesia de la virgen. Muchos de los nuestros quisieron irse rumbo a Las Cruces al rancho de un manso llamado Chiquito, pero los blancos los devolvieron amarrados y azotados. Tuvimos capitanes de guerra que resistieron a todo eso: Chiquito, Diego y don Luis para darte unos nombres, si quieres nombres.
«Los ancianos tenían tirria con la iglesia y sus mandamientos que eran difíciles de conocer y de seguir. Tenían tirria de haber perdido sus tierras, su libre paso por las tierras, su libertad de ir y venir detrás de las manadas de caza. Tirria de sentirse culpables por practicar sus propias creencias, sus propios rituales: castigados por los mitotes, castigados por danzarle, por cantarle a la voz de dios hikuri. Cansados de las leyes de dios y de los reyes y virreyes y ladrones de todo tipo de títulos que no dejaban ser ricos a los indios, ser nobles a los indios, ser humanos a los indios.
«A Diego lo colgaron en la placita que está frente a la iglesia de la virgen. A los demás prisioneros los obligaron a trabajar en las acequias, a desviarlas a sus propias conveniencias. Nos unimos a los apaches pero ellos querían sólo nuestras destrezas de guerreros y de espías para ellos. Los blancos también nos usaron para emboscar indios de otras naciones como al viejo Teporaca, el «Hachero», muerto y colgado en un árbol de Tomóchic. Los capitanes blancos quemaron campamentos nuestros, nos reubicaron varias veces, murieron muchos Mansos de hambre y de enfermedades, de privaciones pues, murieron cantidades. También el alcohol mató a muchos. Se atrevieron a usar el brandy con el hikuri sagrado, el espíritu de la región de la semilla se enojó con mucho. Ahora los que eso hicieron andan perdidos en la tierra, buscando la salida a la tierra de las flores. Andan en las tinieblas buscando la luz de la verdadera primavera.
«Yo soy cacique o «atsherehue», Nico es capitán o «tsherehuepama», al gobernador se le llama «tshamhuiimere», y al Manso, al hombre verdadero se le llama «tshahuiireue».
Ahora estamos dispersos, somos pocos y dispersos. Casi nada, casi nadita ya.

*

Bandelier le pidió a Manu que lo llevara a con el gobernador Manso, el «tshamhuiimere». Manu dijo que no, que enfermo no. Antes de despedirse Manuel Güero le dio un paliacate al arqueólogo; éste le agradeció el regalo y salió de la finca.
Después volverían a verse.

Bandelier tuvo que posponer sus investigaciones: la enfermedad no le permitió continuarla.
En la cena de despedida, Ortiz le propuso escribir una historia sucinta de Paso del Norte. Sería para el próximo año, cuando regresara. Llevaba el arqueólogo (entre otras cosas) la copia signada del «Auto de fundación de la misión de nuestra señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte de 1659».
La despedida, al día siguiente fue cordial.
En el camino, Bandelier encontró en su mochila el pañuelo de Manu: era un regalo de correspondencia: 14 botones del sagrado hikuri y una nota en español: «Esa es la semilla de nuestra historia, somos Pueblo Indio, pueblo que se desprendió del árbol de la nación de los Piros y mucho antes de los Hopi.





miércoles, 13 de enero de 2010

Lebaronicemos Chihuahua: Estoy aquí por los errores que nos quitaron la seguridad




Por Ark Sánchez




Chihuahua, Chih.; Lebaronizar Chihuahua, es la meta de  Clarence Lamar Jones Stubbs, Clary Jones, precandidato a gobernador por el Partido Acción Nacional.
“Ante los errores que el Gobierno del Estado ha cometido en materia de seguridad en los últimos tres años, tenemos que hacer en todo Chihuahua lo que hicimos en el noroeste” anticipa.
Horas después de reunirse, por primera vez, con Carlos Marcelino Borruel Baquera, al aceptar la invitación del ex alcalde capitalino que renunciara en pos de la nominación de su partido como candidato al Gobierno del Estado, Jones reitera que no busca una diputación u otra posición política, sino el Poder Ejecutivo Estatal.
“Estoy aquí por los errores políticos que nos quitaron la seguridad. A mi me sacaron del feliz entorno familiar, y de mi negocio, para liderar el movimiento en Lebarón”. Asegura que si hubiera buscado una diputación, hace mucho que había sido diputado, pero no lo había hecho porque le encanta su trabajo y le gusta mucho estar con su familia.
Los motivos de Clary son más que políticos...
Quien fuera alcalde de Galeana, por una coalición pan-perredista, de 2001 al 2004, tiene ahora una misión inspirada por Dios y un compromiso con Benjamín Lebarón y Luis Widmar, considerados mártires universales del movimiento social antisecuestro, Asume la responsabilidad de responder ante su pueblo y por su pueblo. Sin miedo a la muerte, aclara, con actitudes y pensamientos cristianos, porque lucha por una causa que es de los demás.
Tras cuatro días de ayuno y pedir a Dios el consejo y la sabiduría, se aventó a la política, buscó a los líderes panistas... Y allí anda, organizando su precampaña... con el noroeste en los hombros y tratando de cargar ahora al estado.
Sentado, solo, en una mesa del Denny's de la Ortiz Mena, cierra una conversación telefónica para atender la entrevista con Semanario.
Chihuahua pasa por la peor crisis de los últimos 100 años, advierte: “La revolución de 1910 no es nada con lo que estamos sufriendo ahora. La elección de este año, en consecuencia, es la elección más importante de los últimos 100 años. La decisión será si nos quebramos o prosperamos. Esta crisis ha crecido por la falta de decisiones de calidad en el estado. Por eso, desde hoy, debemos sacar a Chihuahua de esta crisis”.
Sin saber si anda bien o mal, sin conocer del todo los entresijos de la política a esos niveles, según acepta, tiene la esperanza de que la ciudadanía chihuahuense lleve este movimiento social al Poder Ejecutivo Estatal, “para lograrlo debemos hacer en el estado lo mismo que llegamos a hacer en Lebarón”.

ESTA ES LA HISTORIA

En Lebarón, afirma Clary, tenía una vida ideal, dedicado a la empresa pegada a tu casa, viviendo muy a gusto... Pero llega el secuestro a la comunidad... ¡Llega el secuestro!
Si estoy en mi carpintería y me dicen “me acaban de secuestrar” o “me secuestraron a un familiar” pues no les voy a decir que esperen a que me desocupe... Teníamos que actuar de inmediato. Un hermano se quedó en el negocio...
Recuerda que el día que la comunidad se reunió para tratar el tema del secuestro habían atropellado a su hermano menor.
“Yo ni ganas tenía. En la reunión se expresaban muchas ideas. Estaban muy divididos, como está dividido el Estado. Predominaba la anarquía. El deseo de tomar la ley en las propias manos... donde lo último era el gobierno o presionar al gobierno. La situación se salía de control, el ambiente estaba enardecido, intenso. Ya nomás faltaba que hubieran dicho '¡Vayan por sus rifles!' y se había levantado toda la gente”
Es como un perro normal, equipara, que cuando se reúne con otros, empieza a hacer otras cosas muy diferentes. En la reunión no éramos nosotros mismos.
Entonces William, un primo mío, me dijo:
-“Nomás tú tienes la cabeza fría, tienes que participar, tienes que decir algo que tenga sentido”.
-“Va a hablar Clary...”, dijeron. Estaba un desbarajuste, pero de pronto todo se calmó. Se hizo un silencio absoluto. Allí estaba yo caminando, arriesgándolo todo, familia y negocio. ¡Ni modo! Por alguna razón será...
-”No son tiempos de medios esfuerzos” les dije. Y les hice una pregunta: “Como chihuahuenses y como mexicanos ¿creemos en la soberanía de México, sí o no? Si la soberanía no existe sólo te queda la anarquía. Debemos peticionar al gobierno, presionar al gobierno, con el sacrificio mínimo, con mínimas pérdidas de vidas. No podemos ir con rifles a recoger a Erick, con balas tipo Rambo. Esta es la vida real... Debemos estar dispuestos para protestar, para presionar al gobierno y complicar las negociaciones, que se compliquen los secuestradores”.
Se levantó entonces el papá de Erick y dijo:
-“Es la idea que más me ha gustado”. Y se dijo más:
-“Debemos tener fe en nuestro gobierno, y si es necesario debemos tenerle una fe ciega... Si el gobierno no puede ya van a saber que no pudieron. Ahora debemos  hacer algo para solucionarlo”
Luego nos fuimos a un cuarto de atrás y organizamos la protesta... con muchos temores, revela Clary. ¿Qué fregados recomendar entonces? ¿Y si nos friegan, si matan al joven, etc.? Tuvimos que tomar decisiones muy canijas.
“Hasta entonces sentí el apoyo completo de mi comunidad, que estaba dividida como está Chihuahua. Desarrollamos la idea que les gustó. Se alinearon todos, siguieron esa idea. Y ya es una causa para la comunidad”.
Mi meta, entonces, era rescatar a Erick, dice.
Y empezaron las negociaciones, nerviosos en la protesta de tres días. La procuraduría dijo que harían lo posible y nosotros dijimos ya hicieron lo posible... ¡Vámonos!, con cierta satisfacción... Los secuestradores no habían cobrado el precio de la vida de Erick. Fuimos tranquilos. Negociamos. Logramos el rescate de Erick. Nuestro pueblo estaba blindado. Era un logro grandisisísimo.

CUNDE EL EJEMPLO

Pero de allí, como el ejemplo había cundido, se fueron a otras comunidades: “Para nosotros era rescatar a Erick y olvidar el asunto. Pero nos pedían organizar sus comunidades contra la extorsión y el secuestro. Teníamos que ayudar ante tanta preocupación. Dimos la cara. No pudimos decir no. El tema del secuestro nos llevó a tener relaciones con el Gobierno del Estado. Había presión en los medios, nos atendían como si fuera el gobernador. La gente denunciaba, por la experiencia, por el éxito que tuvimos en el noroeste”.
Nacían nuevas formas de organización comunitaria y la gente se responsabilizaba.
“Queríamos fortalecer al gobierno, no criticarlo. Desde el movimiento le dijimos al gobernador que nos pidiera qué hacía falta, pero el gobernador no supo qué pedir... Los políticos así son, están acostumbrados a dar, a gobernar según ellos, nunca a pedir o a incluir al pueblo en sus decisiones”.
Jones recuerda el tiempo de la inauguración del Equipo Antisecuestros. Los del gobierno, hasta habían ido a Colombia para saber cómo atacar el problema, destaca. Pero al llegar al C-4 el ambiente estaba tan espeso, en rebanadas como una naranja. Pensaba: dónde estoy, en qué estoy parado. ¿Estaban los enemigos presentes? Nadie se atrevía a participar.
Recuerdo que le comenté a Benjamín que esa gente -o quienes lo llegaron a matar- iban a hacer algo antes de que creciera el movimiento.
-“¡Vámonos de aquí, carajo! ¡Nos van a matar! No la vamos a contar. Nosotros pusimos las caras. Traemos al noroeste sobre nuestros hombros. No vamos a poder con el paquete”, le dije a Benjamín. No quería ni regresarme por allí.
-“¿Qué hacemos”, preguntaban.
-“Vivir, para pelear otro día”, les dije. Benjamín -Dios me lo bendiga allá donde esté- argumentaba:
-“Tú has visto las caras de la gente cuando los apoyamos, lo bueno del movimiento. Yo no puedo decirle a esta gente que no. ¡Que tope donde haya que topar! ¡No puedo hacerme para atrás!”
Ese día, confiesa Clary, después de oírlo, me fui como un “rajado”, como un “cobarde”. Pero iba piense y piense y piense: Muertos no vamos a hacer nada. El movimiento se acaba. Y luego volvía a las razones, era tentadora la oferta de quedarnos y luchar con la gente, que se merece más protección, más garantías. Y en el noroeste lo estábamos logrando... Pero nos mataron a Benjamín, y a Luis por haber querido ayudarle...
¿Qué vamos a hacer ahora sí? ¿Qué sentido tiene esta situación? ¿En qué se va a convertir esto? Los hermanos, la familia, la comunidad quería justicia a como dé lugar. ¿Cómo volver a la paz? ¿Cómo retomar ese difícil camino? Todo eso pensaba Clary.
“Estaba devastado por la tristeza, al ver a las esposas de los dos, los hijos de los dos. Ellos estaban haciendo cosas justas y murieron. Eran dos ciudadanos de la comunidad súper necesarios. Eran personas de bien, con la familia, con la empresa. Nos cobraron el precio máximo. Nos quitaron dos vidas, dos padres que se resistían a permitir que siguiera ese tipo de vida con los secuestradores”.
Entonces no había más que pensar, agrega. Sólo trabajar duro, con todo, con la entrega ante el gobierno. Teníamos que denunciar. Teníamos que trabajar, pero no había garantías. El Gobierno del Estado no tiene capacidad ni para proteger a los suyos. ¿Qué vamos a hacer...? Esa era la cuestión, señala Jones.

¿GOBERNADOR?

Revela que ya en la comunidad, con calma, discutían a cuál candidato iban a apoyar contra el problema, contra la enfermedad que padecían... Nadie les convencía.
-“¡Aviéntate tú!”, le dijeron a Clary.
-“¿Pero la gubernatura? No entienden que ganar esa lucha es un reto enorme, no me veía capaz de hacerlo realidad... Pero tenía que definirme”. Así se lo exigía la comunidad.
“Ayuné por cuatro días. Quería apartarme, para pensar profundamente lo que teníamos que hacer. Había más que hacer... Total, me definí ante Dios: Si es una imposibilidad, si cada éxito o fracaso se lo acreditan a uno, si este es el destino que tienes para mí... ¡Adelante!”.
Voy a platicar con los panistas, cuenta que se dijo entonces a sí mismo, sin saber qué es esto, en esos niveles. Me motivaba lo único decente que hay en este entorno: la ciudadanía, lo único, la única esperanza... Si vamos a las elecciones lo hacemos por una actitud, por un tipo de gobierno que sepa incluir a la ciudadanía como parte de la solución... Hoy todavía lo expresa francamente: “No sé si ando bien o mal, pero traemos mucho entusiasmo...”
Ha recorrido gran parte del estado, las principales zonas: “Donde quiera que vamos la gente sabe lo que se tiene que hacer, pero hay fuerzas que no permiten que se haga lo correcto, fuerzas que tratan de mantener las cosas estancadas”.
Así parece que estamos enfermos todos de egoísmo, afirma. El egoísmo se ha apoderado del Estado. Lo peor de todo es que la gente buena sea egoísta, que no participe. En esa situación, si nos pasa algo, ¡estamos fritos!
Diagnóstica y advierte: Chihuahua pasa por la peor crisis de los últimos 100 años. Por decir un ejemplo, el 80 por ciento de los empresarios de Nuevo Casas Grandes está fuera de la ciudad, eso significa que no hay trabajos. Los romanticismos entre pobres y ricos ahora son locuras. La gente quiere trabajo y los buenos empresarios necesitan esa gente. Si vemos un aula llena de niños en cualquier escuela, cuando sean adultos sólo uno y si acaso dos, serán dueños de un negocio.
¿Qué le pasa a Chihuahua en la revolución de 1910?, se pregunta Clary: Hasta ese momento, los chihuahuenses eran primermundistas. Tenían una mejor vida, pero se arma la revolución, se van los que proveían empleos y los chihuahuenses pasan al tercer mundo. Después Monterrey rebasó a Chihuahua en importancia.
“Aquello no es nada comparado con lo que estamos sufriendo ahora, por eso decimos, sin duda, que la de este año es la elección más importante de los últimos 100 años. La decisión será si quebramos o prosperamos. Esta crisis ha crecido por la falta de decisiones de calidad en el estado. Por eso, desde hoy debemos sacar a Chihuahua de esta crisis”.
Interrumpe sus diagnósticos y vuelve a su testimonio: “No me da miedo la muerte. Lo que más me duele de la muerte es el futuro de mi esposa y de mis hijos. Si somos cristianos, al morir por una causa de los demás te va bien allá en los cielos. Si te matan tratando de luchar, vale la pena la vida, lo carajo es imaginar a tus pobres hijos y tu esposa viuda... Por eso no se puede restar mérito, nadie le puede restar mérito a la vida y al sacrificio de Benjamín y de Luis”.
“Es muy importante que la gente sepa la historia”, reitera.
Pero sabe que Lebarón no es el único pueblo que está sufriendo. Tampoco son los únicos organizados. Por eso espera que, en todo el estado, se luche desde diversas trincheras para llevar este movimiento social hacia el poder, un movimiento que inicia después de los secuestros en Lebarón. “Ahora debemos hacerlo  como estado, hacer en el estado lo mismo que llegamos a hacer en Lebarón, al pueblo, con el pueblo y desde el pueblo”.
Clary insiste: “Tenemos que lograr la trinchera del Gobierno del Estado, para hacer decisiones como nosotros, basados en la participación ciudadana, porque el solo gobierno no puede con el paquete. Por eso expusimos nuestras metas en la primera plática que tuve con Carlos Borruel, tras aceptar la invitación que nos hiciera. Nos preocupa que, como lo hizo él, los demás precandidatos, de todos los partidos, hablan de todo menos de seguridad”.
Los pretendientes a la gubernatura, están enfocados  a hablar de supuestos éxitos, de “sus” enfoques, pero la seguridad no es su enfoque, por eso no tienen ni hablan de logros en materia de seguridad, abunda.
“En estos tres últimos años, el Gobierno del Estado ha cometido muchos errores que nos han arrebatado la seguridad. Y son errores del Gobierno del Estado, porque tiene que estar más cercano al pueblo, porque tuvo la negligencia de no atender el problema, o por lo menos no gestionar, no exigir...”
Y allí está Clary Jones en la batalla, rompiendo paradigmas, dispuesto a enfrentar a Carlos Borruel, con la esperanza de obtener la candidatura de su partido a gobernador, primero, y, después, derrotar a los demás candidatos en las elecciones constitucionales.
Lebarón, un poblado de resonancia mundial, bien vale una campaña estatal.
Lebaron bien vale una nueva lucha de David contra Goliat...

Fuentes confiables


*Gutiérrez Casas a la palestra

Es claro que el diputado local Jorge Gutiérrez Casas, es el candidato del tetismo a la presidencia municipal de Ciudad Juárez. Es manifiesto que Gutiérrez fue un buen operador político para la causa de Héctor Murguía Lardizábal. Al margen del resultado final. La ecuación es un problema para César Duarte Jáquez, es un tirador que no se encontraba contemplado y su inclusión mueve todo el panorama, sin que ello signifique que es el primer escenario.

*Enrique Serrano pelea duro

Desde hace por los menos tres años, el ex diputado federal Enrique Serrano Escobar, demostró inclinación por la precandidatura de César Duarte Jáquez y es visto como el que el virtual candidato estaría dispuesto a apoyar al ex oficial mayor en la administración de Jaime Bermúdez Cuarón, allá por 1986-1989.

*La carreta y las calabazas

La situación en Juárez está pintando para que el candidato sea por unidad y alguien que se encuentre más o menos en medio de todos los grupos internos en pugna, alguien que se pueda sentar a platicar con todos y de ser este el camino a seguir, crece la figura de Alfredo Urías Cantú.

*Cuarón sólo la primera sorpresa

Todo parece indicar que la segunda sorpresa que dará el PAN luego de la inscripción de Pablo Cuarón Galindo, para contender contra Carlos Borruel, por la candidatura del PAN a la gubernatura, será la incursión de Miguel Fernández Iturriza, en busca de la presidencia municipal de Ciudad Juárez. El argumento para convencer al renuente Fernández, ha sido que sus planes de transformación de Juárez, se facilitarían desde la presidencia municipal.

*Pérez Cuéllar va por el III

Alejandro Pérez Cuéllar, quien ya ha sido regidor del municipio de Ciudad Juárez  y tiene una larga carrera partidista dentro de Acción Nacional, está velando armas para lanzarse por la candidatura del III Distrito Estatal Electoral. Entre los haberes políticos de Alejandro Pérez Cuéllar, está el haber sido electo en los comicios internos de febrero del 2009, como Consejero Estatal, en cuarto lugar, consideremos que Carlos Borruel Baquera ocupó hace un año el número 30 de la misma lista.

*Muy lastimado Blanco

Es evidente que Juan Blanco Zaldívar se siente herido y traicionado por Carlos Borruel Baquera, ya que Blanco fue el principal artífice del triunfo del alcalde con licencia definitiva de la ciudad de Chihuahua, sin embargo aquí vale una reflexión:   no serán más culpables los cinco millones de pesos presuntamente recibidos por el alcalde Blanco para otorgar el contrato del relleno sanitario e la ciudad capital y su derrota del  5 de julio pasado, para explicar el declive de su estrella política.




Escenarios políticos




 El PAN en plena lucha interna

Por Antonio Pinedo
Cuando ya todo parecía resuelto en la candidatura del Partido Acción Nacional para la contienda por la gubernatura que se definirá el próximo cuatro de julio, la súbita entrada al escenario del empresario Pablo Cuarón Galindo, le descompone el cuadro al alcalde con licencia definitiva de la ciudad de Chihuahua Carlos Borruel Baquera, quien al parecer se presentaría a la convención con una gran ventaja y con un rival que únicamente parecía dar testimonio de la democracia interna del PAN, que se había visto muy disminuida en la selección de candidatos a diputados y gubernaturas disputadas el año pasado, cuando se acudió al «dedazo» con muy malos resultados.
                Doce meses azarosos
               A principios de 2009 la candidatura del PAN a la gubernatura del presente año se veía prácticamente resuelta a favor del senador Gustavo Madero Muñoz, quien demostraba públicamente que traía las canicas en la bolsa y en febrero del año en mención incluso desató una polémica por la colocación de anuncios de los llamados «espectaculares» en varios puntos estratégicos de la ciudad de Chihuahua, por lo cual fue acusado ante el Instituto Estatal Electoral, de hacer campaña política fuera de los tiempos legales.
                Sin rival se veía Madero Muñoz, aunque diversas versiones de fuentes dignas de crédito afirmaban que Juan Blanco se preparaba para dar la pelea en la convención interna, sin embargo en una reunión sostenida el 23 de mayo pasado entre el líder panista de la bancada y sus principales operadores políticos les anunció que no contendería dado que su presencia en el Senado era de mayor importancia para el proyecto gubernamental de Felipe Calderón Hinojosa. A los pocos días declaró que el alcalde Carlos Borruel Baquera reunía los requisitos necesarios para ser el mejor candidato a la gubernatura.
                El proyecto de Juan Blanco se tambaleaba y llegó a uno de sus puntos más adversos cuando fue encarcelado como consecuencia de una investigación que lo señalaba como el beneficiario de una entrega de cinco millones de pesos como soborno por otorgar el contrato del relleno sanitario en la ciudad de Chihuahua. Salvó la cárcel, pero no la catástrofe electoral en el Sexto Distrito Federal Electoral, bastión panista capitalino, en el que se presentó como gran favorito  y fue derrotado por un candidato de relleno del PRI emanado de la presidencia de la Cámara Nacional de Comercio : Maurilio Ochoa, por quien nadie apostaba.
                Blanco Zaldívar no soportó que a quien él considerara su pupilo, lo hubiera desplazado en tan breve tiempo de la antesala de la gubernatura. Al parecer Borruel llegaba avalado por importantes fuerzas internas del PAN sobre todo capitalino, que es hoy por hoy el polo preponderante de la acción política del blanquiazul al desplazar de ese sitio a Ciudad Juárez desde 2004, con dos triunfos en Chihuahua y el mismo número de derrotas en la frontera más importante de la entidad. 
                Las malquerencias
                Ni las  manifiestas malquerencias de Javier Corral Jurado, diputado plurinominal por tercera ocasión, ensombrecían el panorama que se le presentaba a Borruel, ya había tenido su oportunidad de ir por la gubernatura hace seis años y fracasó… todo parecía «bien planchadito», cuando de forma repentina, a sólo 48 horas del cierre del registro se anunció la precandidatura de Pablo Cuarón Galindo, empresario de segunda o tercera generación en Ciudad Juárez, con una imagen buena y con sólo una  incursión en la búsqueda de un puesto de elección popular allá por 1989, cuando Pancho Barrio en la plenitud de su influencia dentro de Acción Nacional, fracasó en hacerlo ganar la candidatura a la presidencia municipal de Ciudad Juárez, de hecho la elección interna se polarizo de tal manera que en una segunda convención, no se aceptó las candidaturas de Cuarón y de Gustavo Elizondo, quienes habían protagonizado el evento. El candidato fue «El coronel» Mejía, quien perdió ante Jesús Macías Delgado.
                La angustia de Pancho Barrio
                Pablo Cuarón inició, por lo menos discursivamente mal su segunda incursión en política electoral, ya que comentó que su motivación era porque Juárez no se veía representada, lo cual refleja que confunde la alcaldía de la frontera con el dilatado mosaico que significa Chihuahua.
                Nos ocupamos ampliamente de Juan Blanco en párrafos anteriores porque fue una alianza entre él y la llamada «Happy family» representada en esta ocasión por Javier Corral, las que cocinaron la candidatura un tanto a las carrera de Pablo Cuarón, al grado que las 1,600 firmas que se exigían para el registro las cedió Juan Blanco, quien declinó postularse, y seguramente sólo trataba de hacerlo para tratar de aguarle la fiesta a Borruel, porque luego de su derrota electoral del cinco de julio, sus posibilidades de ganar era muy bajas.
                Al mismo tiempo que se anunció la postulación de Cuarón Galindo, sendas cartas de Corral Jurado y Barrio Terrazas, surcaron el ciberespacio con los argumentos para apoyar a Pablo Cuarón, argumentos que a quien mejor le van a servir es a César Duarte, ya que descalifican en muchos sentidos el legítimo derecho que Carlos Borruel tiene para buscar la posición que ya ambos buscaron, uno con éxito y el otro fracasando.
Las  cartas no tienen desperdicio, Pancho Barrio invita a una «reflexión, urgente, angustiosa», lo que simple y llanamente se puede interpretar como que la llegada de Borruel a la gubernatura es para causar angustia a los chihuahuenses, mejor sería que a tiempo diga qué le conoce al ex alcalde capitalino para descalificarlo de tal manera que ni los priistas lo han hecho. Ignora o pasa por alto el desempeño de Borruel por la alcaldía de la ciudad capital, que cuenta con una aprobación que pocos presidentes municipales han tenido y de la que él no gozó en su gubernatura.
Corral Jurado le da buenos argumentos a Duarte Jáquez al calificar de tramposo al nativo de la colonia Dale, de quien afirma empezó desde hace mes y medio a juntar firmas para su postulación, cuando apenas  el cuatro de enero pasado se anunció tal medida como requisito para la inscripción.
En fin, las cosas le mejoran al virtual candidato priista con la manifiesta división en el PAN, por un aparente deseo de regresar el polo de preponderancia partidista a la «Happy family». El 28 de febrero en la elección abierta a la ciudadanía se sabrá en que termina esta aventura iniciada tan abruptamente y que refleja una alianza entre los panistas de Chihuahua, encabezados por un malherido Juan Blanco y los panistas de Ciudad Juárez, encabezados por el sangrante Javier Corral, este último muy lastimado por la sonrisa socarrona de Carlos Salinas y la declaración de no entender los afectos privados de Javier Corral, contrastándolos con sus declaraciones públicas.


Guardamemorias


EL INFORME BANDELIER
(Parte I)

Por José Manuel García-García


Abril de 1888: recuerdo de un Noviembre de 1883.
Desde la segunda torre del campanario Adolph Francis Bandelier, arqueólogo de campo, miró las extensas tierras encajonadas al norte por un río de lodo y al sur por una prolongada montaña sinuosa.
Vio el humo de las cocinas de las rancherías situadas al norte; los sembradíos uniformes que crecían a lo largo del río y de la «acequia madre»; luego vio la placita que estaba al pie del campanario y la calle Real de San Lorenzo flanqueada por casas principales.
Recordó la estrofa mal hecha que el cura del lugar le había cantado esa mañana: «Paso del Norte: / Junto al río el sembradío / al poniente el caserío / frente al templo el comercio / y detrás de la iglesia / las armas y el gobierno.»
Esa mañana, también, había encontrado en uno de los papeles del Libro de los Casamientos, una (rara) nota titulada «El destino de Paso del Norte»:
  • Refugio de aventureros y chichimecas que huían del virreinato (Siglo XVI).
  • Cabeza de Playa para el poblamiento del septentrión por Oñate (1598).
  • Misión para contener la herejía de los indios de la región (1659).
  • Zona de guerra entre indios rebeldes y soldados de la Corona (1684).
  • Refugio de los derrotados de la Gran Rebelión de las 10 naciones indias (1680).
  • Presidio y fortaleza en las guerras intermitentes contra los comanches y los apaches (1766).
  • Almacén situado a 9 días de las ciudades principales: Chihuahua y Santa Fe).
  • Refugio y frontera final en la derrota de la guerra contra Estados Unidos (1848).
  • Refugio del gobierno de Benito Juárez en su huida de los franceses (1864-65).
  • La esperanza: Paso del Norte puede ser el puerto y cruces del ferrocarriles entre México y Estados Unidos (1884).

*

Verano caliente de 1680.
«El levantamiento estaba planeado para el 18 de agosto, un par de semanas antes de que llegaran a Santa Fe las carretas del sur con suministros de guerra.
«Pero la rebelión fue descubierta y Popé, su dirigente, tuvo que adelantar el ataque para el día 10 de agosto.
«Ese día el padre Juan Pío, llegó a Santa Fe para «ofrecer misa». Venía con su guardia en su cabalgadura. El pueblo estaba extrañamente deshabitado. Fue al caserío indio y vio a los hombres con tatuajes de guerra. El padre intentó disuadirlos, pero la respuesta fue una andanada de flechas.
«Se había iniciado el ataque de las diez naciones indias bajo la dirección del sacerdote guerrero Popé.
«Popé era indio Tigua. Acusado unos meses antes de practicar la brujería; estuvo en prisión con otros 80 indios principales, «por muertes, idolatrías y maleficios». Popé y 46 de los prisioneros lograron escapar. Se refugiaron en Taos. Y desde allí, anota fray Silvestre Vélez de Escalante en su informe: «maquinó la sublevación general de los indios Pueblo».
«El descontento indio fue la respuesta a la intolerancia religiosa de parte de la corona. El gobernador Juan Francisco de Treviño (1675-1677), había implementado una exterminio sistemático de «brujos» y señores principales que practicaban la idolatría pagana y la «magia mala». De Treviño manda a colgar en la plaza de Santa Fe a un grupo de «heréticos» (en realidad, sacerdotes indígenas, protectores de las kivas). Y sentencia a la esclavitud a un grupo de 47 «curanderos». Los indios se organizan y obligan al gobernador a liberar a los prisioneros. Pero el hostigamiento hacia la religión indígena continuó.
«La rebelión de los Indios Pueblo tuvo dos causas: una religiosa y la otra social: los indios eran tratados peor que bestias; trabajaban como esclavos en los campos españoles…
«Decían que estaban hartos de los castigos de la encomienda.
«Que no querían privarse de sus dioses y sus costumbres, de sus familias y su cultura.
«Decían que los españoles hacían crueldades de puro gusto contra sus ancianos, sus jefes, sus sacerdotes.
«Atacaron pues el 10 de agosto.
«La furia, la venganza de los taos, los picuris y los tiguas fue «a sangre y fuego».
«Los demás pueblos «hicieron lo mismo».
«La rebelión se extendió en toda la zona. Los «popeistas» se ensañaron particularmente contra los sacerdotes y sus iglesias. Quemaron (para tomar un ejemplo) la iglesia de Pecos, tomaron prisioneros a los curas que (según versiones de las víctimas) son humillados públicamente: los obligan a participar en farsas religiosas, los desnudan y los obligan a montar puercos y a rezar así sus oraciones.
Los indios atacan usando máscaras llamadas «kachinas», que tiene un alto simbolismo religioso. Las escenas de venganza se repiten en varios poblados donde los Pueblo habían soportado por años humillaciones sin fin.
Fray Silvestre Vélez de Escalante (para sus amigos: Fray Gerundio), escribió que el día 13 de agosto, los rebeldes atacan Santa Fe. Allí se refugia el odiado Francisco de Treviño. El nuevo gobernador (Otermín), elige resistir a los indios. Los españoles permanecen nueve días en Santa Fe. Pero después de una cruenta batalla, Otermín acepta la derrota y se dirige con sus hombres y sus seguidores hacia el pueblo de Isleta.
Luego pasarán río abajo, rumbo al pueblo de Paso del Norte.

*
Agosto, 1860. Antes de la guerra.
Se congregan los hombres que saben la danza que produce lluvias.
La danza de los hombres que se alimentan sólo de la fragancia mojada de la hierba «gobernadora».
Se reúnen, se congregan todos aquellos elegidos por los dioses de los soles, de las lunas, de los nahuales coyotes, lobos, águilas, cuervos;
Se juntan todos los principales que hablan con el corazón del peyote.
Son los hombres de la gran Kiva.
El ombligo del mundo. El centro del mundo. El origen del mundo.
La gran Kiva donde se reúnen los señores de los hombres verdaderos.

Los enemigos han perseguido a los danzantes. Los acusan de herejes. Enemigos de dios y de la iglesia. Los esclavizan. Los marcan, los persiguen, los cuelgan para escarmiento de los hombres verdaderos.
Que nadie crea que esos viejos, esos brujos metidos en sus «estufas» valen algo. No valen nada. Son herejes, son borrachos, son viejos.
Son herejes que merecen la muerte de herejes.
Pero los hombres sabios, danzan. Danzan en la gran Kiva, lentamente danzan con sus colores de guerra, sus inciensos, sus cantos, con sus tragos de licor de maíz y de botones del peyotito sagrado. Danzan al ritmo de sus tambores, de sus coros, de sus voces que son lamentos repetidos, quejas al dios de la tierra, al dios del agua. Y los remolinos giran en torno a los danzantes, son los muertos que han venido a danzar con las sombras de la gran Kiva.

Los hombres de la antigua danza desaparecen en la niebla del tiempo, en la oscuridad de los desiertos, en el eco de las montañas.

Pocos los oyen, pocos los ven bailando en la gran Kiva del oeste donde el sol duerme y sale cada día. En la gran Kiva del este donde el sol llega cansado a dormir su noche.

La gran Kiva que es el inframundo de la piedra y la arena (la raíz del mundo) que sube en espiral hacia la raíz de las plantas y sube al mundo de los animales y los hombres y se eleva al lugar de la lluvia y la nube, del sol y su luna que alumbran el mundo de los hombres verdaderos.
Los señores de la Kiva bajan por la escalera (el cordón umbilical) al centro del círculo donde danzan, para sostener la vida. Que suben, los señores de la Kiva, hacia la tierra donde los dioses pusieron a vivir a los hombres. 

«—Esas Kivas no son más que estufas donde se meten a humearse. Estufas redondas debajo de la tierra. Uno va por el desierto y oye cantos bárbaros, oye tambores. Los cantos que vienen de alguna estufa oculta en las montañas, —escribió un conquistador. »

*
Noviembre, 1883.
«Los mansos esos que busca usted están por el Barreal», le indicó el padre Ortiz, «el Barreal es una veintena de casas de adobe y techo de paja, ya las verá usted».
Bandelier ha platicado toda la mañana con Ortiz. Hombre de leyenda. Conocido en toda la región. Sabedor de armas y caballos, peleó contra apaches y soldados norteamericanos. Diputado federal de Chihuahua, negoció la reubicación de los mexicanos en el 48. En el 65 juntó pistoleros para enfrentar a Juárez. Sus enemigos dicen que es terrateniente, que esclaviza indios, que combina generosidad con inquisición. Lo acusan de influir en las esposas de influyentes del pueblo.
Los indios lo aman o lo odian: todos le temen.
«¿Así que le interesa el curanderismo?», le pregunta a Bandelier.
El arqueólogo responde con un breve «sí». Su investigación: campo privado; ningún diosero de campanario ha sido invitado.
«Los curanderos son hombres de lascivia y alcohol. Son rencorosos».
Enfático Ortiz, como en una de sus clases: «No confíe en ellos».
Bandelier recibe en pleno rostro el débil sol de noviembre. Ojos azules: sonrisa que desarma desconfianzas. Pero ahora la sonrisa no aparece. 
Ortiz, 70 años, roble de campo, robusto de soles, conserva todavía el brillo de la violencia en su mirada. Un gesto suyo imponen. No tiene ideas, tiene citas; su índice dibuja en el aire su arrogancia.
Bandelier anota algo en su librito.
Ortiz se incorpora y toma un legajo. Lo estampa en la mesa y sonriendo dice: «cuídemelo. Tiene vuelta».
Bandelier, su mano en los papeles y una leve inclinación que Ortiz toma como carta final de triunfo.
«Gracias, estimado amigo», murmura Bandelier, dando una alegre vocalización en falsete.
Ortiz no sonríe. Y a manera de despedida dice: «Se llama Nicomedes, búsquelo en el Barreal, es uno de los curanderos de los mansos. Nicomedes, no lo olvide».

*


Continúa la relación de Fray Silvestre Vélez de Escalante:
«A mediados de agosto de 1860 quedaron todos los rebeldes dueños de todo el reino, y luego que de él salieron  todos los españoles, ordenó el Popé, imponiendo pena de vida a los que no obedeciesen, que todos los hombres, mujeres y muchachos, se quitaran las cruces y rosarios que tuviesen, y los hicieran pedazos o quemasen; que ninguno nombrase a Jesús o María, ni invocase a los santos: que todos los casados dejasen las mujeres, con quienes según la ley cristiana habían contraído matrimonio y tomasen otras que les gustasen: que ninguno hablase la lengua castellana, ni mostrase tener afecto al Dios de los cristianos, a los santos, ni a los padres y españoles: y que en donde no lo hubiesen hecho, quemasen todos los templos y sagradas imágenes.

*

Noviembre, 1883.
El «Barreal»: espacio cenagoso, paupérrimo, insalubre. 20 casuchas de adobe y paja. Olor a podrido. En las puertas se asoman viejas y  niños, Bandelier, una curiosidad andando, con su traje oscuro, su sombrero Bowler.
Busca a Nicomedes. Nadie sabe nada. Nicomedes Leyva. Nadie sabe nada. Nicomedes Lara. Un niño se adelanta, pide unas monedas. Bandelier le da un pequeño juguete (un talismán comanche), el niño le indica la casa de Nico.
«¿Usted es Nico?»
El indio voltea, deja el azadón a un lado. Mira al hombre. Suelta un insulto en su lengua de indio. Bandelier le responde con un saludo rarámuri.
Nico sonríe.
«Soy arqueólogo busco las historias de los manso», explica Bandelier.
«¿Y qué me traes arqueólogo a mí para hablarte de los manso?»
Bandelier comprende.
«Me llamo Adolph, Adolfo, Francis Bandelier. Te doy un presente, mira», saca de su bolsillo un pañuelo, en él 4 botones hikuri. Nico observa. Toma uno y dice: «esto te lo acepto para iniciarnos».
Bandelier le ofrece el resto: «uno es sangre de borrego, dos es la voz de la hierba, tres es el corazón de kiva, cuatro es el ojo de dios».
«No. Cuatro es corazón de Kiva».
Bandelier acepta el equívoco. Sonrisas, se inicia una conversación que continúa en la casa de Nico.
Un camastro, sillas rústicas, una mesa. En la parte de la cocina una mujer joven. Nico es un hombre de unos 50 años. El indio y su mujer hablan rápido, suave, cantadito. Aparece una botella de brandy. Bandelier acepta el regalo. Comparten: Nico mastica, Bandelier bebe.
Nico es uno de los últimos mansos de Paso. Antes fue de los piros. Habla poco rarámuri, poco manos, poco español. Los manso necesitan de un curandero. No tiene curandero y los blancos no ayudan con los enfermos. El 12 de diciembre tendrán un mitote para la virgen y elegir al nuevo curandero. «¿Por qué en la iglesia?» Porque allí está el sitio original de los manso. Allí, en la iglesia era la cabecera de la acequia madre que se llamaba acequia de los indios y cruzaba el arrollo de la sierra. Ahora los manso tienen 7 capitanes de guerra que se reúnen en secreto. Visten la pluma del águila, del guajolote, del correcaminos, del cuervo. No del tecolote que es el que habla muerte. Los manso fueron cazadores, iban a las sierras. Pero ahora no queda nada, un poco de alfarería, algo de maíz propio en mayo, trigo en otoño y viñedos en noviembre, no mucho.
Bandelier, en su cuarto, transcribe la información de Nico.
«En lo que es ahora la iglesia de la virgen de Guadalupe, estaba la Kiva, el corazón del pueblo de los indios Manso.»

*

Termina la relación de Fray Silvestre Vélez de Escalante:
«…En el pueblo de Santa Ana, Popé hizo preparar un convite de las viandas que los religiosos y gobernadores usaban, y una mesa grande, según la moda de los españoles. Sentose Popé en la cabecera, y en la contra puesta, hizo sentar a su amigo Alonso Catiti, poniendo a los demás en lugares restantes; hizo traer dos cálices, uno para sí y otro para dicho Alonso, y ambos empezaron a brindarse en escarnio de los españoles y de la religión cristiana, y tomando Popé su cáliz, decía a Alonso como si fuera el padre Custodio: «A la salud de V.P.R.; tomaba el suyo Alonso y levantándose decía al Popé; vaya por la de U.S., Sr. Gobernador».
«En fin, no quedó en todo el reino vestigio de la religión cristiana, todo fue profanado y destruido.
«El día 18 de noviembre de 1681 partieron de Paso del Norte los destinados a la reducción de los dichos rebeldes (los nuestros se componía de 146 soldados españoles y de 112 indios auxiliares) en vísperas de la Concepción Purísima, redujeron a los Tiguas rebeldes del pueblo de la Isleta.
«Los motivos de la gran rebelión se reducen a dos capítulos, que son: primero el amor que muchos de los viejos conservan a su antiguo modo de vivir, a su idolatría, a las estufas, y a la destrucción de estos en el tiempo del gobernador Treviño. Segundo, las vejaciones y malos tratamientos, que en algunos españoles padecían en muchos pueblos, la persecución de los indios que tenían por hechicero, y muchos castigos y penas capitales, que a éstos aplicaron varios predecesores de Otermín…»


*

Entre historias (visiones de Gamaro Luna).
Entras, Gama, arañando las puertas, raspando el techo de la iglesia, tocando las ventanas, azotando la poca luz que ilumina el techo de la iglesia, columnas de maderas labradas. Paciencia indígena, cincel español. Altar de un solo nicho que protege a una breve Guadalupana. La bóveda de la Misión emergen los ecos de los cantos de los Mansos, de los Sumas, los Jumanos. Antes de ser iglesia, este sitio era el corazón del sagrado Kiva. El lugar donde se juntaban la Acequia del Indio y el Gran Arroyo de la Sierra.
Entras, Gama, a los sueños colectivos, almacén de recuerdos: una danza Hopi que es una danza Piro que es una danza Manso frente a tus ojos Gama.
Sí, Gama, en el centro de los sueños de la comunidad.
Una luz débil, dos lámparas. Se dibuja, ante ti, como en una litografía móvil, sepia, la caravana hambrienta de Cabeza de Vaca que no supo nunca dónde anduvo; que bebió de las aguas del Gran Río del Norte.
Cabeza de Vaca entre los brazos de las más hermosas mujeres que venían a sus ritos. Cabeza de Vaca, brujo de los hombres verdaderos. Ríos (o el mismo río en diferentes partes) que calma las fiebres imaginarias de los hombres guiados por el cristo loco San Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Aparece Coronado, enfermo y delirante. Cadáver sangrante, sangriento que llevaba la peste de la codicia. Las historias de siete ciudades de oro; palabras de Estebanico y Fray Marcos de Niza que lleva el viento: Cibola, Quivira: «allá, señor, vide un pueblo de siete ciudades todas de oro, en cada ciudad había una torre, en cada torre un sabio, eran siete. Todos Guardianes. Todos y cada uno. El primero protegía el secreto de la vida eterna; el agua de la vida eterna. El segundo guardaba la llave de las transformaciones. El tercero vigilaba el elixir de las palabras, el que lo tome hablará con las piedras, con los mezquites, con el coyote, el perro del agua, el perro del viento. Los otros guardianes defienden mayores secretos por descubrir: el canto de la lluvia, el vuelo del águila, el oro de los ríos.»
Escucha, Gama, los gritos de los frailes que vinieron con Chamuscado. Vinieron a morir. Escucha la voz tartamuda de Espejo; ves, Gama, su bandera blanca y sus alas blancas; su marcha al sur con el estandarte cubierto de sangre seca y las plumas tintas de sangre, así fue marcando la ruta del Camino Real. Dejó el escarmiento, la venganza.
Después vino Oñate, el señor de las minas perdidas en las dunas, vino con la fiebre de Cortés, de Coronado. Y vino Fray García de Zúñiga con otra fe, no en el Dorado, no en el Dinero: en Dios, en la virgen que se le apareció a Juan Diego en 1531. Fray García expulsó a los brujos, selló sus «estufas», persiguió a los herejes.

*
Representación dramática.
Un vaquiano (indio disfrazado de vaquiano español) busca su vaca. La vaca (guiada por un indito disfrazado de ángel) sube a un montículo y llega hasta un hoyo (los restos de una kiva). Allí, una hermosa india sale vestida de virgen.
Fray García lee lo que debió decir la aparecida al vaquiano: «Non hayas miedo, que yo soy la madre de Dios por la cual alcanzó la humana generación redención; toma tu vaca y vete y ponla con las otras… que tendrás luego muchas otras. Ve a las otras gentes y les dirás que donde me aparecí, que caben y encontrarán una imagen mía.»
El vaquiano fue al pueblo, pero nadie le creyó su historia. Hasta que les mostró los pechos de la vaca en los que había la marca de la cruz (la vaca en la representación lleva efectivamente marcadas las ubres). Así le creyeron al vaquiano.
El vaquiano llega a su casa y encuentra que uno de sus hijos había muerto. Pero al pedirle a Santa María de Guadalupe, el joven despertó sano y salvo. (Esta es la segunda parte de la representación).
Luego, el vaquiano fuese a la casa de los sacerdotes y les contó toda la historia. Fueron todos a ver el lugar señalado y encontraron allí la milagrosa imagen de la virgen. Por este hecho portentoso, se creo una iglesia y de la iglesia nació un pueblo.
Esto ocurrió en el pueblo de Cáceres, en Extremadura, según un manuscrito de 1440.
Esto debió ocurrir en Paso del Norte en el año de 1659.

*
Gama, tú sigues las imágenes. Están allí, transparentes, vivas. Las carroñas de Oñate, hablando en nombre «de Dios, amo del supremo querubín y de la más despreciada hormiga y de la más pequeña mariposa», hablando «en honor y nombre de la virgen Santa María. En nombre del cristianísimo Rey don Felipe». Diciendo: «Yo don Juan de Oñate, Gobernador y Capitán General y Adelantado, tomo posesión de estas tierras y de cuanto hay en ellas, con sus montes, ríos, aguas, pastos, vegas, cañadas, y todos sus indios naturales. Con el poder que represento, Yo don Juan de Oñate, tomo posesión desde la hoja del monte, hasta la piedra más pequeña del río, digo, tomo y aprehendo una, dos y tres veces, una dos y tres veces, una dos y tres veces y todas las que de derecho puedo y debo, la tenencia y posesión real y actual, civil y criminal y todos los poderes que se quieran, digo y repito, tomo en posesión todas estas tierras vistas y por ver, a mil y quinientos y noventa y ocho.»
Oñate descarnado, con su caravana de muertos. Apestando el horizonte. Haciendo su primera representación de la Conquista y Poblamiento ante los ojos asombrados de los indios.  Oñate presumiendo la fuerza de sus jinetes, sus armas y sus caballos. Oñate en la mirada la fiebre del oro, la felicidad en algún lugar de este enorme desierto que devorar todo.

(continuará)