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miércoles, 25 de abril de 2012
Historia regional
De la muerte de Benton
a la laguna fatídica
(Fragmento del libro Historia Regional del Noroeste de
Chihuahua. Autor Miguel Méndez García. En la primera entrega se da a conocer
sobre los primeros años de Rodolfo
Fierro; su condición de hijo adoptado, su primer enamoramiento y matrimonio, la
pérdida de su familia, su ingreso a varios trabajos, para finalmente terminar
como garrotero del ferrocarril.)
(Segunda y Última parte)
Muerte
de William Benton.(1914). Benton era un ciudadano inglés, había nacido en
Escocia en 1892, era dueño de la Hacienda de los Remedios, cerca de Santa
Isabel, Chih., que tenía una superficie de 129 mil hectáreas, muchas de ellas
robadas a los vecinos, ya que gozaba de ciertas consideraciones especiales.
Cercaba potreros, limitaba el acceso a las aguas, ayudaba a los colorados y a
los huertistas, y había efectuado varios asesinatos amparado por el clan
Terrazas–Creel y por eso había ganado la fama de valiente. Era enemigo de la
revolución, se quejaba en la prensa del bandidaje y vivía bajo la protección de
los rurales.
Llegó
a México buscando minas de oro en Durango y le fue relativamente bien. Se casó
con una mexicana de familia rica y se hizo ganadero. La Hacienda de los
Remedios valía en ese entonces un millón de dólares y el ganado otro tanto.
En
una reunión del Club de Periodistas Extranjeros
en la ciudad de Chihuahua, un periodista gringo le dio una bofetada, por hacer
comentarios desagradables de las mujeres estadounidenses. Luis Aguirre
Benavides lo describe de la siguiente manera: «Era Benton el tipo de extranjero
odioso, seguro de la superioridad de su raza, arbitrario y despótico, que hacía
padecer a los peones los rigores de los encomenderos».
Cuando inició el alzamiento maderista, los
revolucionarios le pidieron dinero contra un vale cuando pasaban por su hacienda,
Benton apeló a Cástulo Herrera, quien por instrucciones de Madero que no quería
conflictos con extranjeros, le dio la razón. El asunto casi terminó a tiros.
Benton denunció a los revolucionarios como cuatreros ante Abraham González. El
15 de febrero de 1913 viajó de Chihuahua a Ciudad Juárez y anduvo pregonando
que «no le tenía miedo a nadie» y «que quería ir a ver a Villa y decirle lo que
pensaba de él». Después de un primer intento frustrado, llegó a las oficinas de
Villa en el cuartel de la calle Lerdo, con un acompañante gringo. Iba algo
tomado porque tenía la fama de ser aficionado al whisky. Dejó a su acompañante
en la entrada, sentado en una banca. Iba vestido con un uniforme caqui similar
al del ejército estadounidense, por lo que fue fácil colarse entre los guardias
que lo dejaron pasar. Traía fajada una pistola belga con cartucho cortado. Llegó
hasta dentro del cuartel. En la habitación de Villa estaban con él, Luis y
Eugenio Aguirre Benavides, Rodolfo Fierro, Hipólito Villa, un peluquero, el
cocinero y Carlos Jáuregui, que iba a llevar a Estados Unidos al hijo adoptivo de Villa, Francisco Gil
Piñón, de 13 años y también estaba presente Doña Luz Corral.
Francisco Gil Piñón Carbajal era originario de San
Buenaventura. En una ocasión en que Villa fue al Valle con sus hombres, le
prepararon un recibimiento. Un revolucionario le escribió y asignó el discurso
de bienvenida a Francisco Gil Piñón. El temperamento y expresiones del niño
impactaron a Villa, que se bajó del caballo y lo abrazó diciéndole:«gente como
usted necesita México, ruéguele a Dios que tome pronto Chihuahua para mandar
por usted y hacerme cargo de su educación». Villa cumplió su promesa y con el
permiso de su madre lo envío a estudiar a EE.UU. Estudió en el Palmore Business
College en el Paso, Texas, en el State College de las Cruces, Nuevo México., en
el Mount Tamalpais Military Academy cerca de San Francisco, Calif. y en el Baylor
University, en Hueco, Texas. En este último colegio tuvo como compañero a quien
más tarde fuera presidente de los EU, Harry Truman.
Francisco Piñón fue un hombre de todas las confianzas de Villa,
fue el administrador de la hacienda de Canutillo, Durango hasta el asesinato
del General. El día del asesinato de Benton, Piñón estaba en la habitación
contigua con Doña Luz Corral. Benton se metió a la habitación sin anunciarse y
sin más preguntó: « ¿Quién de ustedes es el general Villa?» El general volteó a
verlo y le contestó:
—Yo soy, a sus órdenes.
Entonces Benton le dijo en un tono muy imperioso.
—Vengo a que me dé un
salvoconducto para sacar mi ganado de la Hacienda de los Remedios porque ya me
cansé de que los revolucionarios me lo sigan robando.
Villa se levantó indignado y le contestó de un modo áspero, por la manera
altanera de Benton y le dijo:
—No señor, no le doy nada, porque ustedes los extranjeros
se han enriquecido aquí con el sudor de los mexicanos y tienen la obligación de
sufrir las consecuencias de la guerra igual que todos. Es muy justo que ustedes
los extranjeros sufran igual que cualquier mexicano y hágame el favor de salir
inmediatamente de aquí.
Benton que no esperaba una respuesta tan seca del general
le contestó:
—Yo soy hombre que no se deja robar por un bandido como
usted (y se llevó la mano a las cachas de
su pistola). Villa se abalanzó sobre él, pero Fierro que estaba a su lado lo
sujetó, y empezaron a forcejear tratando cada uno de sacar su arma. Finalmente
Fierro que era un individuo muy fuerte dominó a Benton y con su pistola le dio
dos balazos.
Piñón menciona que a mitad de la sala envolvieron el
cuerpo del escocés con un tapete de la recamara y lo amarraron con unos
cordones y se lo llevaron para enterrarlo. Con el asesinato se creó un
conflicto internacional con el gobierno británico. Cuando la situación se tornó
difícil, cambiaron los hechos e hicieron parecer que Benton había sido fusilado.
Carranza intervino ajustando el caso a ciertas normas de Derecho Internacional.
El cadáver se exhumó para entregarlo a sus familiares, se sugirió acribillar a
balazos el cadáver para demostrar un fusilamiento, pero el médico advirtió que
los nuevos impactos serían identificados como posteriores. Afortunadamente el
conflicto se solucionó por la vía diplomática y hasta ahí las cosas.
El oro del Banco Minero de Chihuahua. En 1914 cuando
Villa tomó Chihuahua, muchos ricos influyentes huyeron con los huertistas. El
viejo Luis Terrazas abandonó Chihuahua y pensando que su hijo Luis tendría que
vérselas con Villa, le dejó una cantidad importante de dinero por lo que
pudiera ofrecerse. Villa necesitaba dinero para montar su próxima campaña de
Torreón y envió primero a Raúl Madero a conversar con Terrazas sin tener
resultados positivos. Villa mandó traer a Terrazas ante su presencia y le
explicó en términos de persuasión la precaria situación que pasaban sus tropas
y Terrazas siguió argumentando que de rico sólo le quedaba la fama, que su
familia había perdido todos sus bienes por causa de la revolución. «Sobre
dinero ni que hablar, si mil pesos me piden de rescate, por mil pesos me
fusilan». A Villa no le interesaba fusilarlo, pues hubiera sido una
imprudencia. Villa recurrió a su secretario Luis Aguirre Benavides para que
tratara de convencerlo de que entregara el dinero porque de lo contrario pondría
en peligro su vida. Luisito cumplió con el encargo y falló. Después, varios
generales de su estado mayor trataron de sacarle información sobre el dinero
escondido sin resultados.
Villa mandó llamar a Fierro. «Muchachito, hable con
Terrazas y convénzalo de su error y tráigame razones de donde está el dinero».
Algunos mencionan que Fierro persuadió a Terrazas y que en muy poco tiempo
regresó con la razón de donde estaba el dinero. Otros mencionan que fue con él,
lo sacó del encierro, lo montó en una mula y de un árbol del cuello lo colgó con
una soga hasta que perdió el sentido. Convencido de que la cosa era en serio,
confesó que el dinero se encontraba en una de las columnas de la bóveda del
Banco Minero de Chihuahua, pero que no sabía en cual. Que lo buscaran y
encontrarían bastante. Villa mandó taladrar los pilares de Banco Minero,
hicieron un boquete y de una columna comenzaron a caer como lluvia, los
hidalgos de diez pesos oro. En total (30 bolsas con 600 mil pesos en oro) Como
era el día de San Antonio de Padua (17 de enero), a manera de broma dijeron que
se había producido el milagro de San Antonio. El dinero de Terrazas, ahora en
manos de Villa y sus generales, llenaba una necesidad tan grande como imperiosa
en la estabilidad económica de la División del Norte.
Considerando este caso como la primera versión de una
influencia persuasiva de Fierro ante el hijo de Terrazas, merece una reflexión
sobre la su actuación. Compleja, complicada y difícil con una dualidad de
unificación y sensibilidad. Lo vemos actuando en la revolución, bravo y
sanguinario, con una potencialidad instintiva de crueldad, siempre organizador,
calculador, sereno y audaz, enérgico en el mando, rápido en la acción. Después
lo vemos apacible y cortés, desempeñando una misión persuasiva ante Terrazas a
quien ni la autoridad de Villa, ni las razones de otros oficiales habían
convencido para que confesara algo que debe haberle dolido mucho confesar.
Fierro lo convenció demostrando la diferencia entre el bárbaro y el civilizado.
Si su método consistió en suplicio y Terrazas cedió a la coacción o si utilizó
amenazas que le inspiraron temor para hacerlo confesar, el secreto se quedó con
ellos.
Entre Fierro y el general Eugenio Aguirre Benavides
existía de tiempo atrás una enemistad motivada por la muerte de un joven
revolucionario Enrique García de la Cadena en Gómez Palacio, amigo de Benavides
a quien Fierro mató en singular combate. Después un nuevo hecho de sangre vino
a agravar esa enemistad, pues mató a uno de los oficiales del estado mayor de
Aguirre Benavides, de apellido Vela. Se hicieron algunas manifestaciones de
protesta contra Fierro, cuyo objetivo era pedir a Villa el castigo para Fierro.
Aguirre Benavides se presentó ante Villa y le pidió que
el crimen fuera castigado fusilando a Fierro. Pero Villa no lo mandó fusilar ni
por una ni por muchas muertes y así lo expresó en su respuesta:
—Tal vez tenga usted razón, pero por una muerte yo no
mando fusilar a Rodolfo Fierro, sabiendo lo útil que es y lo mucho que él hace
en las batallas. Además cuando los tiempos cambien y yo tenga que volverme a la
sierra, ya verá usted como Fierro y sus compañeros se van allá conmigo,
mientras usted y sus oficiales me abandonarán–. Profundo conocimiento de Villa
y aguda intuición de realidades que habrían de confirmarse tiempo después,
porque cuando los tiempos cambiaron y Villa tuvo que volverse a la sierra,
Rodolfo Fierro y sus compañeros se fueron con él y Aguirre y sus oficiales lo
abandonaron.
Francisco Piñón, el hijo adoptivo de Villa recuerda el
regaño de Villa a Fierro, en la ciudad de Chihuahua:
—General Fierro, una vez más, me han traído la queja de
que usted en estado de ebriedad asesinó a balazos a un oficial. Es una lástima
que un hombre tan valiente como usted se convierta en un verdadero animal
cuando está tomado. Y sólo porque salimos a campaña y lo necesito, no procedo
contra usted. Pero le advierto que es la última vez que se lo tolero, una queja
más en contra suya y lo mando fusilar. ¿Está claro?–. Fierro inclinó la cabeza,
aguantó la reprendida y se retiró en silencio.
Rodolfo Fierro tiene la significación de una fiera en
figura humana. Más benigno fue con él un periodista extranjero que le adjudicó
el título de la «Bestia Hermosa». Fierro era un loco vigoroso, cruel, pero no
cobarde, ni hipócrita o marrullero en sus decisiones. Fría y serenamente asumía
con virilidad la parte de responsabilidad que le correspondía en cada caso.
Fierro no era cobarde porque era un valiente, hombre de alta ley, pese al cúmulo
de defectos que poseía. Participó en muchas batallas y en todas actuó a la
altura del deber militar. Un rozón de bala o una profunda herida no hacían más
que enardecerlo. La cobardía es una característica del asesino vulgar que
obedece a su conciencia envilecida por el crimen. Fierro no era un asesino
vulgar de felonía. Asesinó o fusiló, cosas que para él eran indistintas ya que
el fin era el mismo, porque los hechos fueron consecuencia de una guerra sin
cuartel y la revolución eso era. Juzgando los crímenes de Fierro en la
revolución tal vez resultan «hechos necesarios» máxime si tienen por
justificación la razón del guerrero que consiste en «pegar primero». La guerra
obedece a una ley superior; la necesidad de aniquilar al enemigo. Por eso todos
los hombres que intervienen en una guerra justa o injusta, comenten el crimen,
pero el crimen mismo de ella.
En La Toma de Zacatecas el 23 de junio de 1914. Fierro se
reveló como hombre de alta ley. En lo más encarnizado del combate fue herido en
una pierna, una herida grave de copiosa hemorragia. Otro en su lugar, aquello
hubiera sido la oportunidad honrosa de abandonar el campo de batalla y
recluirse en un puesto de socorro, pero para Fierro aquello fue algo sin
importancia y continuó combatiendo con ímpetu y coraje. Alguien avisó a Villa
que Fierro estaba herido y que arrojaba mucha sangre por la herida. Lo conminó
a que abandonara el frente y que buscara un médico para que lo curara, Fierro se
negó a abandonar la batalla.
—Esta herida no me
quita de la batalla mi general.
Villa tuvo que usar su autoridad para salvarle la vida.
—Le ordeno presentarse en este momento ante los médicos
de la brigada sanitaria para que lo curen.
En septiembre de 1915 la División del Norte estaba en
decadencia, tenía pocos recursos y el papel moneda villista estaba devaluado a
$ 0.05 centavos de dólar por cada peso. El 23 de septiembre Villa ordenó el
traslado de trenes con tropas hacia Nuevo Casas Grandes, Chih., para preparar
ahí la columna expedicionaria, y organizar la salida por el Cañón del Púlpito,
para atacar Agua Prieta, Sonora, defendida por el general Calles. El 6 de
octubre salió hacia Nuevo Casas Grandes una columna de 6,000 hombres a cargo de
Orestes Pereyra y Juan Banderas.
El 12 de octubre Villa salió para Casas Grandes, con Juan
N. Medina, ahí desertaron varios generales con 800 hombres de caballería,
cumpliéndose lo que Villa había mencionado al general Eugenio Aguirre
Benavides. Fierro le fue fiel hasta la muerte. Ese día en la noche se reunieron
las tropas en la Colonia Dublán y estando ahí, en la estación de ferrocarril
explotó un depósito de dinamita y hubo varios muertos y heridos. No se supo si
fue sabotaje o accidental. Villa dio la orden de que al salir para Agua Prieta
no llevaran niños ni mujeres, debido a lo accidentado del terreno en el Cañón
del Púlpito. Por su parte Obregón envió tropas de Mazatlán y Guaymas para
Hermosillo y Plutarco Elías Calles permaneció en Agua Prieta, esperando el ataque de los villistas,
mientras el gobierno americano permitía el traslado de tropas carrancistas vía
El Paso- Douglas-Agua Prieta.
Rodolfo Fierro, su estado
mayor y sus tropas salieron de Chihuahua hacia Villa Ahumada el 10 de octubre
con el fin de adquirir víveres. De Villa Ahumada continuaron hacia Nuevo Casas
Grandes, Chih. El miércoles 13 de octubre 1915, al venir de Villa Ahumada,
Rodolfo Fierro cabalgaba con su sombrero texano, rostro oscuro, cabellos
lacios, manos grandes con cuatro anillos de diamante, el rifle en su caballo,
en su pecho dos cintos de víbora llenos de monedas de oro, un reloj, cadenas de
oro en su cuello, su pistola y una daga al cinto.
Llegó frente a la laguna construida por los mormones para
regar los terrenos agrícolas de la Colonia Dublán en Nuevo Casas Grandes. Esta
laguna se alimenta con un canal que lleva agua del Río Casas Grandes, formado
en la Colonia San Diego por los ríos Palanganas y Piedras Verdes. Fierro se
quitaba el frío con sotol. Le acompañaban 18 oficiales de su estado mayor y su
cuñado Buenaventura Herrán. (Casado con Francisca, su media-hermana menor)
Todos se detuvieron. Fierro llegó frente a la laguna, la contempló serenamente
y se encaprichó en cruzar por el vado caudaloso que alimenta la laguna
despreciando el camino seguro. Las aguas estaban medio congeladas, sus
asistentes opinaron que debía tomarse otro camino porque cruzar por ahí sería
muy peligroso. El vado caudaloso era el que vertía el sobrante de agua de la
laguna grande a otra laguna más pequeña. Este vado era ancho y en la parte media
no era muy profundo y por ese lugar pasaban los arrieros y leñadores con burros
y caballos sin peligro, pero en días anteriores habían caído grandes aguaceros,
el agua era abundante, la corriente muy fuerte y el piso más profundo. No era
posible cruzar por ese lugar. Fierro rechazó la opinión de su estado mayor de
rodear la laguna y por unos instantes permaneció absorto frente a la laguna que
ahora lleva su nombre. (¿Recordaba tal vez que el día 22 de octubre se cumpliría
nueve años de la muerte de su esposa y su pequeña hija?).
Sus oficiales comentaron nuevamente que era peligroso cruzar
por ahí y Fierro contestó «Qué peligroso ni que la chin…, este camino es para
los hombres y para los buenos caballos. El que tenga miedo que de media vuelta,
no se vaya a dar un baño». Y lanzó una carcajada. Y para dar una muestra de su
hombría, clavó las espuelas a su caballo y se introdujo en el agua. El resto de
la comitiva se quedó perpleja y avergonzada en la orilla. Nadie se atrevió a
seguirlo. Presintieron que algo grave habría de suceder a su jefe, pero no fue
posible detenerlo. Avanzó algunos metros sin contratiempo, parecía que iba a
cruzar la laguna felizmente y de repente se hundió con todo y caballo, como si
el agua abriera sus enormes fauces para tragárselo. Al instante Fierro chapoteó
y salió nadando y riendo hasta llegar a la orilla de donde había partido. El
caballo también logró salir. Ya en la orilla con los ojos chispeantes y la
respiración agitada, pidió una yegua alazana a su asistente el coronel Manuel
Mantecón que le insistió en rodear la laguna y no pasar por ahí, pero no obedeció
ni a súplicas ni a ruegos, se mostró reacio aun con su cuñado y compañero
Herrán, con quien siempre se había mostrado condescendiente.
Se introdujo de nuevo. Mantecón le insistió que rodeara
la laguna y Fierro dijo: «que rodear ni qué demonios, por aquí voy a pasar este
pin…charco». Nunca pasaría esa laguna. Allí estaba el fin de su existencia, ya
el destino había trazado la última raya de la cual no hay quien pase. Avanzó algunos
metros hasta que la yegua comenzó a cansarse al no hacer pie en el fondo y a
hundirse en el lodo, perdió el pie y al llegar al fatídico lugar, dio una
maroma, se hundió nuevamente lanzando a Fierro debajo de ella, hasta
desaparecer por completo y quedar en la profundidad de la laguna. El peso del
animal y las patadas, además de la corpulencia de Fierro lo dejaron sin
sentido. Sólo salió a flote su sobrero tejano. Algunos murmuraron en silencio «lástima
de caballo», «lástima de oro».
Sus acompañantes que lo habían observado sin poderlo
auxiliar, cuando vieron que no surgió, estuvieron algunos minutos petrificados
sin pronunciar palabra. Después, repuestos un poco se decidió avisar al general
Villa que estaba en Nuevo Casas Grandes. El coronel Manuel Mantecón llevó la
noticia:
—Mi general con la novedad de que el general Fierro acaba
de morir.
— ¿Cómo? y ¿dónde le dieron el balazo?
—No murió de un balazo mi general, murió ahogado.
— ¿Ahogado?...
será ahogado de borracho.
—No mi general, se ahogó en la laguna de los mormones–. Al instante Villa se trasladó a la laguna,
sin hablar observaba el agua y se le salían las lágrimas en silencio y expresó:
—Nadie en el mundo pudo quitarle la vida a Fierro y este
desgraciado charco se la quitó–. Esa noche Villa no durmió.
—Uno de los generales que acompañaba a Villa reclamó al
estado mayor de Fierro, porque no lo habían salvado, pero Villa impuso el orden
y ordenó a Herrán y a sus 18 oficiales que permanecieran día y noche hasta que
apareciera el cuerpo y le rindieran parte de novedades, tres veces al día. El
día 18 Villa se presentó en la laguna y ordenó que no se retiraran del lugar,
hasta que se encontrara el cadáver. Si se encontraba en estado de
descomposición lo debían enterrar en Nuevo Casas Grandes, de lo contrario
debían llevarlo a Chihuahua y enterrarlo junto a su hermano Antonio Villa y
ordenó a Ochoa, jefe de la plaza de Nuevo Casas Grandes, que le diera a Herrán
toda clase de facilidades. Después de varios intentos por encontrar el cuerpo
de Fierro en la laguna, los resultados fueron negativos, incluso varios chinos
lo intentaron fracasando también.
Antes de partir para Agua Prieta el general Villa ordenó
que si no encontraban el cuerpo de Fierro, llamaran a Ciudad Juárez a Kingo
Nonaka para que sacara el cuerpo de la laguna. Kingo Nonaka era originario de
Furoaka, Japón y siendo un adolescente había dejado su destino como pescador de
perlas para venir a México en un intercambio migratorio de colonos y
trabajadores. Kingo Nonaka viajó con su tío Shokaro y su hermano Kinkuro en un
barco con ruta Japón, Panamá, con escala en Hawaii y con destino final Salina
Cruz, Oaxaca. En Hawaii su hermano enferma y es regresado a Japón y su tío murió
en Oaxaca. Por falta de trabajo caminó por tres meses por las vías del
ferrocarril hasta llegar a Ciudad Juárez con el fin de ingresar a Estados Unidos.
Durmió en una banca de un parque y fue recogido por la Sra. Viviana Cardón que
era jefa de enfermeras del Hospital Civil de Juárez, donde Nonaka era afanador
y en diciembre de 1910 recibió el nombramiento de enfermero de primera
categoría.
En una de sus visitas a Casas Grandes, donde vivía su
compadre Ricardo Nakamura, tuvo la suerte de curar a Francisco I. Madero herido
en la Batalla de Casas Grandes el 6 de marzo de 1911, el cual lo invitó a ser
enfermero de la revolución, viajando con los revolucionarios a la Hacienda de Bustillos donde conoció al coronel
Francisco Villa, el cual después de la Batalla de Juárez lo invito a ser parte
de su Brigada Sanitaria. Kingo Nonaka participó en doce batallas como jefe de
Sanidad del Batallón de Caballería de la División del Norte. Durante ese tiempo
se hizo amigo del general Francisco Villa el cual se dio cuenta que Nonaka
había sido buzo en Japón y por esa razón dejó la instrucción de llamarlo para
rescatar el cuerpo del general Fierro. Estando Kingo Nonaka en Juárez recibió
una llamada de Ricardo Nakamura, diciéndole que de parte del general Manuel
González y que por instrucciones del General Villa se presentara con mucha urgencia. Llegó a
Nuevo Casas Grandes y ya lo esperaba un mayor de nombre Jorge, le preguntó para
que lo mandaban llamar y le contestó: -Mi capitán Nonaka, te llamo por el
asunto del general Fierro–. Le preguntó:
— ¿Qué fue lo que pasó?
En ese momento llegó el general Manuel González, bajó de
su auto, lo saludó y le dijo: —Te
llamé capitán porque el general Fierro se ahogó en la laguna hace dos días y no
podemos sacarlo–. Inmediatamente abordaron el auto y se dirigieron a dicho
lugar. Llegaron a donde hay dos lagunas, una chica de forma redonda
aproximadamente de unos doscientos cincuenta metros de largo y otra más grande
de forma alargada con unos seiscientos metros de largo, separadas por unos
doscientos metros una de otra e inició las labores de rescate.
«Me metí hasta el fondo de la laguna que tiene más
profundidad, a la altura de donde se supone que cayó el cuerpo del general, a
donde llegaba el sobrante que venía de la otra laguna, por un canal que tenía
aproximadamente cinco metros de ancho, a la caída de la laguna se formaba un
remolino y con ello, el agua estaba muy turbia, dificultaba la visión y era más
difícil el trabajo de rescate. En la parte media del canal no era muy profundo
porque por ese lugar pasaban arrieros y leñadores con sus burros cargados y
otros a caballo sin peligro.
«Cinco días después localicé el cuerpo, pedí que se
consiguiera una soga de más de 30 metros, cuando la trajeron les di
instrucciones de que fueran soltándola poco a poco para que con el movimiento
del agua no se fuera a enredar. Tomé la punta de la soga y nadé hasta el fondo
donde estaba el cadáver del general Fierro, el cuerpo estaba casi boca arriba y
con los ojos bien abiertos reflejando en ellos la desesperación de no poder
salir a flote, le di dos vueltas con la soga a la altura del pecho y la
entrepierna, para que no se soltara con los jalones. Salí a la superficie hice
una señal para que con la ayuda de un caballo jalaran lentamente la soga con el
fin de que no se fuera a soltar, faltando poco para que el cuerpo saliera
completamente, el coronel cuñado del general se dirigió hasta donde estaba el
cuerpo del general Fierro indicándome que detuviera la acción momentáneamente,
el nivel del agua me daba un poco más arriba de las rodillas, el coronel empezó
a quitarle cuatro anillos con diamantes, unas cadenas de oro, reloj, dos
víboras rajadas llenas de monedas de oro y me dijo: “Ahora haga la señal para
que jalen y saquen el cadáver”, salió del agua, se montó en su caballo y se
fue. Calculo que había como unas quinientas personas observando la escena del
percance. Salí, me vestí y así fue mi trabajo del rescate del cuerpo del general
Rodolfo Fierro».
El cadáver de Fierro estaba como si se acabara de ahogar.
Villa ya había partido hacia Agua Prieta. En Casas Grandes se puso el cadáver
en tren a Juárez para que se le practicara la autopsia y fue recibido por el general
Medinaveytia, jefe del estado mayor del general Villa, quien ordenó la
autopsia. Enseguida se preparó el cuerpo y se colocó en su féretro para iniciar
la marcha vía libre, a la ciudad de Chihuahua. Doña Luz Corral pidió ver el
cadáver y estuvo llorando frente a el
por algunos instantes.
Cuando el tren llegó a Chihuahua, la guarnición militar
de la plaza formó una valla para recibir los restos mortales del amigo, jefe y
gran revolucionario. Lo velaron el día y la noche del 20 de octubre y el 21 de
octubre de 1915 fue sepultado en el Panteón Municipal al lado de Antonio Villa,
en la fosa 86, lote 8 de preferentes. A la edad de 36 años.
Así murió la «Bestia hermosa», El carnicero. Vencido por
la fuerza de uno de los elementos de la naturaleza: el agua. Así tenía que ser,
porque el destino, que fija término a los seres, así lo había previsto.
Una de cal para Juárez…
El
crédito de dos mil millones de pesos para Ciudad Juárez, es una buena noticia
luego de los últimos cinco años en que la ciudad entró en una grave crisis de
criminalidad y con ello en una debacle económica que ha resultado en el cierre
de cientos de negocios, la pérdida de miles de empleos y el desaliento a la
inversión en general, sin olvidar la emigración a la vecina ciudad, que en
algún momento se estimó en cerca de cien mil personas.
La
autorización de este crédito a pagarse en 20 años y que seguramente se ejercerá
en por lo menos cuatro años más, trascenderá a la actual administración
municipal y será un buen ejemplo de continuidad en la obra y abre la puerta a
que se puedan planear obras de gran aliento. Sin importar la fatalidad de tres
años de administración municipal.
Según la Cámara Mexicana de la Industria de la
Construcción, los trabajos podrían empezar el próximo mes de junio y se habla
de la creación de alrededor de tres mil empleos directos. En general, la derrama económica que estas obras
representan, redundarán en un impulso a la economía en general, será un
detonante para otros rubros de la economía.
Algunas
voces se han alzado en contra del proyecto porque dicen que se están
comprometiendo los recursos de las próximas seis administraciones municipales,
es claro que estas voces no reparan en el grave deterioro de la carpeta
asfáltica en toda la ciudad, por lo que
suena lógico y deseable que los recursos del empréstito sean destinados
sobre todo a rehabilitación, misma que se ha visto muy desatendida, sobre todo
en la administración pasada, la encabezada por José Reyes Ferriz, que fue
incapaz de pavimentar una sola calle: la avenida Vicente Guerrero, en donde por
tres años, estuvo tratando con materiales de mala calidad y parchó y reparchó
un pavimento que era nuevo.
El caso
de la Vicente Guerrero, por cierto, merece una explicación a la ciudadanía y
una sanción a los culpables, no es un asunto menor, que se pueda pasar por
alto, sobre todo cuando los recursos públicos, son tan escasos, no se puede uno
dar el lujo de dilapidarlos en obras que llaman a la sospecha y hacen suponer
corrupción de las autoridades municipales.
En fin
una cal por las que van de arena, para esta ciudad, que con el cúmulo de
rezagos en todos los órdenes, merece esfuerzos mucho mayores. Matan a la
gallina de los huevos de oro, olvidan que Juárez, produce arriba del cincuenta
por ciento del PIB estatal…
Editorial de la edición 1028
jueves, 19 de abril de 2012
Sólo hemos logrado la democracia electoral: Carlos Angulo Parra
Por Antonio Pinedo
Autocrítico, con posiciones que parecen acercarlo a la izquierda, más que al PAN, Carlos Angulo Parra busca luego de 20 años nuevamente un lugar en el Congreso Federal. Es un hombre diferente al de 1991, quien en los últimos años ha pisado los recintos más exclusivos del poder en México «como único civil». Quiere ser diputado porque el país, sigue teniendo dueños y quiere trabajar para desmantelar el sistema político del régimen priista, que aún sigue vigente.
— ¿Por qué quiere ser diputado?
—Porque México aún tiene dueños, unas cuantas familias privilegiadas se siguen sucediendo en el control del país, siguen las mismas estructuras políticas y económicas. Sólo alcanzamos la democracia electoral, pero no se ha desmantelado al sistema que por setenta años gobernó al país.
—Parece el candidato de Morena y no del PAN.
—Coincido en diversos aspectos, pero ellos retroceden, son ultraconservadores, quieren aumentar la intervención del Estado y yo estoy en contra de los monopolios, los públicos y los privados.
— ¿Qué esperarían los juarenses de un diputado como usted?
—Me empeñaría en una mejor distribución de los recursos fiscales, debe reflejarse nuestra contribución al PIB, nuestra contribución fiscal y esos recursos deben llegar directamente al municipio, sin pasar por el Gobierno del Estado y para su fiscalización proponemos la creación de una contraloría social, cada inversión en obra pública deberá tener un apéndice que permita acceso de la sociedad a su manejo, que dé transparencia en forma muy concreta y que quede estipulado en la ley.
Angulo Parra, mantiene una actitud muy relajada y confiada a lo largo de la entrevista, se porta y habla como ganador y traspira seguridad en su lenguaje corporal y verbal. La importancia de dotar al municipio de mayores recursos, no le hacen olvidar los problemas más urgentes e inmediatos, como la seguridad y sin necesidad de una pregunta afirma:
—La seguridad pública es muy importante y se debe trabajar arduamente en ello. Podemos tener una justicia de primer mundo, hay capital humano, sólo debemos ser muy cuidadosos en el reclutamiento de nuevos elementos, los cuales deben pasar un examen de confianza, sin el cual nadie deberá entrar a los cuerpos policíacos.
«Debe haber leyes claras en seguridad pública, establecer períodos de transición y que el incumplimiento en las funciones tenga consecuencias. Existe ya una resolución para crear la policía única en Chihuahua, sin embargo no se avanza en ese camino.»
—¿Por qué estamos hablando de esto luego de doce años de gobierno panista?
—Porque al lograr la democracia electoral, pensamos ingenuamente que lo demás vendría solo. Con el triunfo de Fox, pensamos que entrabamos al país de las maravillas, pero hay fuerzas nacionales que pugnan por conservar la situación como está, al principio se trató de intentar cambios en lo político, pero hubo amenazas y fue más fácil instalarse en la comodidad del triunfo logrado.
—¿Qué fuerzas impiden ahondar en los cambios?
—Si, son los dueños del país. Sin embargo, los logros del PAN en el gobierno son muchos, hay más transparencia, finanzas ordenadas. Se acabó con el desorden financiero, el bajo crecimiento económico, en términos reales, luego de sus crisis recurrentes.
«La lucha contra el viejo régimen continua, y no ha sido fácil, se reagruparon en los estados, en donde hay nula transparencia en el manejo de los fondos públicos, ahí tenemos los «moreirazos», «el godoyazo».
«Cuando llegamos al gobierno con Fox, logramos la democracia lectoral, pero luego vino el enamoramiento (de Fox), la frivolidad».
—Pero también con Calderón, hemos tenido una guerra que acaba con el país
—Calderón, enfrentó una bronca que venía desde atrás, es injusto el discurso de que le dio una patada al avispero. Sólo cumple con el mandato de dar seguridad y justicia.
—Juárez ha sido muy golpeada por esta guerra, ¿cómo imagina a la ciudad en un futuro mediato?
—El futuro es el de una mega ciudad, una metrópoli, su situación geográfica es estratégica en la economía globalizada. Una creciente clase media. Esto si logramos que se le dé a la ciudad lo que merece por su dinamismo económico. Juárez tiene una capacidad de recuperación y un aguante encomiables. Nueve años de priismo ni la han acabado y tenemos un ventaja que hay que aprovechar: por primera vez en la historia somos un foco de atención nacional, hay una gran preocupación por lo que está pasando en nuestra ciudad.
—Mucho podríamos seguir hablando sobre Juárez, pero ¿cuál es su agenda legislativa?
—Es necesario un cambio al parlamentarismo, necesitamos la revocación de mandato. Tal vez la creación de la figura de un Jefe de Estado, con derecho de veto, pero dedicado básicamente a actos protocolarios.
Angulo Parra, se encuentra a estas alturas de la entrevista con atraso para un recorrido programado en su campaña proselitista, y no queremos dejar de tocar el tema del batidero en la elección de candidatos al Senado. Le preguntamos qué pasó con la brega de eternidad.
—El poder, los panistas en el gobierno no son inmunes a las ambiciones; se corrompió el partido, se llenó de virus, no únicamente en Chihuahua, a nivel nacional.
—Ahí tenemos el «batopilazo…»
Interrumpe:
—El «batopilazo» es pecata minuta, hay un cáncer interno que estamos extirpando, hay un proceso interno por recuperar al partido. En el caso del proceso para elegir candidatos para senadores, quedó en claro la corrupción de Cruz Pérez Cuéllar por parte del PRI. A Cruz hay que expulsarlo del partido.
El tiempo acaba y aún quedan preguntas, sin embargo vale la pena hablar un poco de la trayectoria de Angulo Parra, que hoy busca la diputación federal por el tercer distrito, con cabecera en Ciudad Juárez y niega ambiciones por la presidencia municipal, porque, «desde una diputación puedo ayudar más al país».
Doctor en Derecho y con una trayectoria partidista que lo llevó a ser parte del Comité Político del PAN, de sólo 15 miembros, entre los que están el presidente de la república, secretarios de Estado y por supuesto el líder nacional del partido, «yo era el único civil», dice en tono de broma.
Reitera su decisión de dedicar el resto de su vida a la política, ya que se jubiló de la firma de abogados Baker and Mackenzie.
Sobre los problemas panistas en Ciudad Juárez, dice que los liderazgos huyeron al Distrito Federal. Ve con simpatía la propuesta del gobernador César Duarte de empatar elecciones en Chihuahua y ampliar a cuatro años el período del presidente municipal; se queja de que habiendo capital humano, Ciudad Juárez sea tan pobre en liderazgo político, nivel periodístico, salvo honrosas excepciones y en otros rubros de la vida de la ciudad. Sin embargo, su optimismo sobre el futuro de la ciudad, lo desborda la capacidad de recuperación y aguante de Juárez, es una convicción de alguien que ha sido testigo sobre todo de sus potencialidades económicas y hoy busca ser diputado por el Tercer Distrito Federal Electoral. Un hombre autocrítico y conocedor del terreno que pisa, por lo menos eso dice su discurso.
De Fuentes Confiables
*Incertidumbre en el PAN estatal
Se espera para la semana presente la resolución del Tribunal Federal Electoral, sobre los recursos interpuestos por Cruz Pérez Cuéllar y Carlos Borruel Baquera, ganadores de la elección interna del Partido Acción Nacional, para candidatos al Senado en el proceso abierto del 19 de febrero pasado. Ambos fueron los ganadores «haiga sido como haiga sido». Los recursos presentados por Cruz y Borruel, tratan de echar abajo la resolución de la Comisión Nacional de Elecciones del PAN, quien ante la cauda de irregularidades, decidió que el tercero en discordia, Javier Corral, quedara como primero en la fórmula para la Cámara Alta. Los panistas esperan en cualquier momento la resolución y nadie aventura un pronóstico sobre la misma.
*Las posibilidades son varias
Dado lo voluble que han sido las resoluciones del TRIFE, nadie se aventura a pronosticar una posible resolución, pero quienes se animan a opinar dicen que si el tribunal se apega al estricto derecho y no hay consideraciones de tipo político, lo más probable, es que se reponga a Borruel Baquera y Pérez Cuéllar en las candidaturas. Sin embargo también existe la posibilidad de que se decida reponer el proceso, por el método que el PAN decida y no se descarta, aunque se le ve con menos posibilidades el que el TRIFE, deje las cosas como están ahora, lo cual sería que cedió a presiones políticas del propio Comité Ejecutivo Nacional del PAN, que es de donde emanó la candidatura de Corral y Lucila Murguía de Arronte.
*Creciente encono
Sin embargo, al margen de lo que decida el TRIFE, hay un gran encono entre los panistas de peso, contra Cruz Pérez Cuéllar y observadores políticos internos, no dudan en que vendrá mínimo una sanción para el ex dirigente estatal, y no descartan su expulsión del partido, por las acusaciones que pesan en su contra de utilizar métodos propios del Partido Revolucionario Institucional, en su manejo político, la elección del 19 de febrero, sólo es el último de los eventos, y entre ellos destaca el llamado «batopilazo», en donde de manera extraña don Manuel Gómez Morín, apareció en el padrón e incluso se dio el lujo de votar.
*Ramón Galindo quiere otro trienio
En forma abierta el senador Ramón Galindo Noriega, trabaja ya para buscar una nueva nominación a la presidencia municipal de Ciudad Juárez, posición que ocupó de 1995 a 1998. Entre los panistas hay una corriente de simpatía para la diputada María Antonieta Pérez, pero la legisladora, se siente parte del equipo político de Galindo y no se quiere atravesar. Las posibilidades de que Ramón obtenga la candidatura son altas, sobre todo por la aridez en liderazgos panistas en Ciudad Juárez, una prueba fehaciente de que el Blanquiazul se encuentra muy descobijado en la frontera es que su actual dirigente es Hiram Apolo Contreras, quien simple y llanamente, no trae nada de nada, aunque por esos accidentes de la política y que sobre todo se dan en el PAN haya sido dos veces diputado al Congreso local.
Tras los pasos de… Guillermo Terrazas
1.- Hace unos días, en forma intempestiva fue retirado de su cargo el subcoordinador Zona Norte de Comunicación Social, del Gobierno del Estado; previo a la Semana Santa se dio el cambio inesperado de Jesús Meza Vega, quien regresa a su cátedra universitaria y deja la posición que se ganó desde la campaña de César Duarte Jáquez a la gubernatura, en su lugar, llega un locutor muy conocido en Ciudad Juárez sobre todo en los últimas décadas del siglo pasado: Guillermo Terrazas Villanueva, un locutor de voz privilegiada y ambición desmedida, con una historia digna de contarse y en general una historia negra. En la década de los setenta aún estaba muy fresco el fraude de Koskot, que no lo llevó a la cárcel, porque tiene la inclinación por las malas compañías, pero también la audacia y la buena suerte para salir bien librado.
2.- Después de Koskot, convenció a Domingo Salayandía, dueño mayoritario del diario La Crónica y lo tomaron por asalto allá por finales de 1974; en poco tiempo Aurelio Páez Chavira, llegó iracundo y lo corrió… pero ya había entrado en Terrazas Villanueva, el cosquilleo del periodismo, mismo que sólo había ejercido como locutor en noticieros de radio. Reiteramos, gracias a su voz privilegiada que le hizo ganar incluso concursos de oratoria estatales en Acción Nacional, partido en el que militó en su juventud. Audaz y sin escrúpulos, poco cuidadoso al escoger amigos, le habló hábilmente al oído al narcotraficante del momento en Ciudad Juárez, el famoso ingeniero Arturo López, a quien en una noche de copas en el bar hoy llamado el Antifaz, ubicado en calles Hermanos Escobar y Costa Rica, convenció de que su poder sería total en la ciudad, con un diario.
3.- Poco conocedor del medio, cuando el jefe de la plaza le dijo que cuánto necesitaba para fundar un diario, pidió en su suprema ignorancia 80 mil dólares, entre los bebedores se encontraba el joven contador de Arturo López y ahí mismo frente a media docena de testigos, por lo menos la mitad vivos, le ordenó entregarle esa cantidad a Terrazas Villanueva. Con esos dólares inició la fundación de Diario de Juárez, hoy rebautizado simplemente como El Diario. Por supuesto con esa cantidad, lo más que llegó a tener fue una máquina de impresión de pliego y equipo de composición usado, pronto las dificultades crecieron, ya que el narcotraficante que había fundado el periódico cayó en una avioneta cargada de droga en los Estados Unidos, en ese momento Guillermo Terrazas y su recién nacido diario, entran en crisis: no hay para la nómina.
4.- Repasa su lista de amigos y ve en el próspero licorero Osvaldo Rodríguez Borunda una posibilidad de financiamiento. Rodríguez, quien había empezado muy joven en el negocio de la venta de licores en «Las perlas de Coyame», cayó. En un principio su inteligencia fue menospreciada por Terrazas Villanueva, quien lo incluyó en el directorio, con el rimbombante nombre de «Presidente del Consejo de Administración», sólo le faltó colocarlo al final del jefe de circulación, poco duró la humillación pública a Rodríguez Borunda, quien dotado de una inteligencia que lo había llevado a ser propietario de por lo menos 21 licorerías, pronto puso las cosas en orden y asumió la dirección del diario y llevó por lo menos por quince años su negocio original de licorero, con el de dueño de un periódico cotidiano. Bien, ese es a grandes rasgos Terrazas Villanueva, subcoordinador de Comunicación Social del estado en CJ. (Rodrigo Borja).
Historia regional
El general Rodolfo Fierro:
De cálido amante a
asesino sanguinario
(Fragmento del libro Historia regional del Noroeste de Chihuahua. Autor Miguel Méndez García.)
Cuando hablamos de Francisco Villa no podemos dejar de mencionar a dos generales muy importantes: El general Felipe Ángeles y el general Rodolfo Fierro. El general Ángeles fue un gran estratega militar y un gran artillero. Rodolfo Fierro fue más famoso por su crueldad y por su lealtad a Villa. Como amigo era leal, pero como enemigo no se podía esperar misericordia. Cuando ayudaba, lo hacía con toda su alma y con una entrega total, cuando se trataba de su jefe el general Francisco Villa.
Rodolfo Fierro nació en 1879 en el estado de Sinaloa, en el pueblo de Charay, municipio de El Fuerte, situado en la margen izquierda del río El Fuerte, como a 60 km. del Golfo de California. Es un pueblo humilde tendido sobre el corazón de un gran valle.
En los años ochenta del siglo antepasado, cuando aún imperaban las rígidas costumbres coloniales tuvo lugar en este pueblo un idilio amoroso, que dada la humildad de los protagonistas no alcanzó el honor del escándalo social. El galán se llamaba Víctor Félix, de raza mestiza, ella se llamaba Rosa Castro, india tehueca de raza pura.
Rosa trabajaba como sirvienta y vivía con sus patrones don Gumersindo Fierro y doña Venancia Fierro de Fierro, agricultores importantes de la región. Los requiebros amorosos de Félix finalmente ablandaron la voluntad y el corazón de Castro. Meses después Rosa apareció embarazada, su patrona doña Venancia Fierro se resistía a creerlo, pero por razones de humanitarismo no la arrojó de su casa y la conservó a su servicio. Cumplido el término del embarazo, nació un nuevo ser. Un varoncito moreno. En el hogar de la familia Fierro reinaba la alegría por la llegada del nuevo vástago, pero el corazón de la madre palpitaba nostálgico con una sensación misteriosa que le robaba el reposo y la calma.
El niño abandonado
A los 15 días de nacido el niño, su madre se ausentó del hogar acogedor y también del pueblo. ¿Hacia dónde? ¿Por qué causa? Nadie jamás lo supo. Ella se perdió para siempre en las borrosidades de una existencia ignorada. Tal vez abandonó a su hijo, dejándolo en manos generosas debido a que carecía por completo de los medios de subsistencia. Quizás en su mente brilló la luz de una idea sublime: la de procurar para su hijo un porvenir mejor.
Doña Venancia Fierro de Fierro acogió al niño, le dio múltiples cuidados y verdadero afecto maternal. Le brindó las caricias que su madre le negara y este se nutrió con savia de una raza gallarda e inteligente. Don Gumersindo lo consideró como un nuevo miembro de la familia Fierro. Los Fierro lo adoptaron y lo bautizaron en el pueblo de Mochicahui a 15 kilómetros de Charay, pues allá se cristianizaba a los niños que nacían en los lugares circunvecinos. El párroco solía ir solamente una vez al año y ratificó en los santos oleos la legitimidad de su nombre. Se llamó Rodolfo y fue registrado como Rodolfo Fierro Fierro.
Se crió sano y robusto, en la escuela primaria siempre salió bien librado gracias a sus recios puños y a su agresividad congénita. Don Gumersindo le inculcó el afán de trabajo físico, la destreza, la habilidad y el conocimiento práctico en la cotidiana labor. Aprendió a domar potros y a montar como buen jinete, a cuidar el ganado, a sembrar la tierra, a cultivar la caña de azúcar, a cuidar los huertos de naranjas y a manejar un trapiche para la elaboración de piloncillo. A todo esto iba Rodolfo montado en su caballo con la gallardía de un cadete. Fue un excelente jinete. Creció con sus siete hermanos de leche; cuatro hombres y tres mujeres. Juan, Eugenio y David, Venancia, Ladislada, María de Jesús y Francisca.
En 1899 (20 años) Rodolfo se fue a vivir con su hermana Venancia, que se había casado con Patricio Robles, dueño de la hacienda de San Antonio en Ahome, Sinaloa, a 40 kilómetros de Charay. Ahí continúo sus estudios, su maestro fue un brasileño de nombre Hipólito Williams Freire. Además de estudiar, Fierro sembraba un terreno agrícola con algunos peones. En la escuela aprendió muy bien los números para los cuales demostró aptitudes excepcionales. Era inteligente y poseía una capacidad comprensiva muy desarrollada. Era travieso, juguetón, entusiasta, inclinado a las armas y desde joven lo sedujo la milicia y hacia ella habría de irse encaminando. En Ahome se aficionó a las carreras de caballos, peleas de gallos, juegos de baraja, a la bebida, pero principalmente a las mujeres.
Desarrollándose en ese vaivén tempestuoso de su juventud se hizo de mucha popularidad, tuvo numerosos amigos y siempre se sintió muy feliz. Cuando sus reservas económicas se terminaron recurrió a su cuñado Robles que le dijo: «Hombres como tú, tienen siempre el mundo a su alcance. Estás sano y robusto, eres audaz e inteligente, ábrete paso donde y como quieras. No temas al mundo» Y en 1902, con 23 años de edad, decidió irse al mineral de Cananea, Son. Don Gumersindo había muerto hacía dos años, así que no tenía más limitaciones.
En aquel tiempo, según decían los jóvenes, Cananea era la tierra de promisión, emporio de riqueza, donde podía ganarse dinero a manos llenas con muy poco esfuerzo. De Cananea, Rodolfo Fierro envía a sus familiares una fotografía, donde su proporción física se resuelve en un conjunto armonioso de lineamiento suave, apuesto y gallardo, símbolo de masculinidad inequívoca, todo acusa en él la posesión de dotes relevantes. En el aspecto jovial de su rostro hay una expresión que indica claramente la posesión de un espíritu fuerte y viril.
Fue miembro del servicio interior de vigilancia en la minera de Cananea y dada su desmedida afición a las armas, el puesto no le ofrecía una perspectiva halagadora, ya que no había manera de ascender. En 1905 (26 años) abandonó Cananea para trasladarse a Hermosillo. La sociabilidad de su carácter habría de ayudarle para buscar su ruta de ascenso. Llegó a Hermosillo en circunstancias favorables, porque llevaba dinero producto de su trabajo en Cananea y también porque fue objeto de la acogedora simpatía por parte de personas influyentes lo cual fue de mucho valor. En Hermosillo encontró algunos jóvenes amigos y con la suerte de que allí vivía don José María Paredes, acaudalado comerciante y amigo de los sinaloenses y que le brindó paternal simpatía.
Con el fin de seguir la carrera de las armas, Fierro solicitó al señor Paredes una recomendación para el general Medina Barrón, jefe de los Cuerpos Rurales del Estado de Sonora y comandante directo del 27 Cuerpo, Fierro le simpatizó a primera vista y lo admitió en el Cuerpo y lo comisionó en la oficina del Detall (Departamento Estadístico de Trámite Administrativo de Libros y Listados). A medida que fue reconociendo en él la alta virtud de la lealtad, lo hizo objeto de consideraciones especiales. Le confió comisiones privadas que requerían discreción y talento. Depositó en él su confianza, consideración y deferencia, lo cual contribuyó a dar realce a la personalidad de su subordinado.
La milicia le da elegancia, marcialidad, arrogancia, todo le sienta muy bien. En sus caras aficiones figura con vehemencia la del amor, que con anterioridad se había deslizado por pendientes borrascosas, pero como su posición había cambiado decidió rectificar la ruta. Decidió sellar el pasado e iniciar una nueva etapa en su vida: formar un hogar. Ahí conoció a Luz, la hija de don Pedro Dessens y de la señora Jesusa Peralta de Dessens, acaudalado hombre de negocios de la mejor sociedad Hermosillense. Don Pedro Dessens era dueño de los ocho principales ranchos del distrito de Hermosillo y poseía el 50 % del ganado vacuno del distrito, además de otros negocios importantes. Fierro se enamoró de Luz, pero su plano social le impedía acercársele y declárale su amor. Decidió recurrir a su amigo y protector Paredes, le confió su secreto pidiéndole que intercediera con Medina Barrón para que lo nombrara oficial. Tiempo después de esta entrevista el general llamó a Fierro y le comunicó su ascenso al grado de Teniente.
La sociabilidad de su carácter le permitió abrir las puertas que para él antes habían permanecido cerradas y pudo cortejar libremente a su amada. Así fue como la señorita Luz Dessens y el teniente Rodolfo Fierro unieron sus destinos a las ocho de la mañana del 22 de octubre de 1906, ante Adolfo Balderrama, juez del Estado Civil de Hermosillo, Sonora. Fierro de 27 años y Luz de 26. Después de su matrimonio, Fierro decidió dejar de ser un soldado rural y decidió separarse del servicio.
Tuvo una vida cómoda y fácil. Tenía dinero, un campo de negocios amplio y prometedor. No fue el interés por el dinero lo que lo indujo a casarse con Luz, sino el grande y sincero amor que sentía por ella. Tiempo después de casado, murió su madre adoptiva y su hermana menor Francisca se había casado con Buenaventura Herrán.
Luz colmó la dicha del hogar con el alumbramiento de una encantadora niña, el deseado fruto de sus amores, pero la fatalidad llegó cuando luz no se sintió bien después del parto. La atacó una fuerte fiebre puerperal (muerte materna, infección). Trataron de salvarla pero debido a las condiciones sanitarias de aquella época se perdió toda esperanza y en prolongada agonía, Luz murió dejando en la orfandad a su hija y en prematura viudez a su amado esposo. Fierro lloró desconsolado. Su hija llenó el vacío de su profunda pena, pero a su primera desgracia habría de seguirle una segunda de la misma intensidad, cuatro meses después de que había perdido a su esposa la niña enfermó de gravedad. Tampoco fue posible salvarla de la muerte y murió también. Fierro se quedó solo. En pocos meses experimentó el más grade infortunio de su vida. El dolor conmovió todas las fibras de su alma. Todo quedó desecho. Fierro se dedicó a las actividades comerciales, estableció una casa de comisiones, pero aún acosado por la fatalidad, desecho su hogar, no se doblegó. Sus sentimientos tuvieron fortaleza y se lanzó otra vez al mundo de la aventura, buscando la distancia, el licor, las mujeres y las impresiones fuertes, el objeto de un nuevo vivir.
El ferrocarrilero
En 1908 (29 años) después de quedar viudo, ingresó al ferrocarril Sud Pacífico de México S.A. y por razones escalafonarias tuvo que empezar desde abajo como garrotero (guarda-frenos, palanquero o maneador). Se les llamaba garrotero porque antes de la invención del freno neumático, para detener un tren era necesario actuar manualmente sobre los frenos de los vagones, el maquinista anunciaba con el silbato cuando veía las pendientes y había que frenar. El garrotero tenía que frenar los vagones, usando unos garrotes o palancas que se introducían en el mecanismo, deteniéndolo con fuerza. En los trenes de pasajeros, deambulaban por el interior de los vagones y salían para frenar, pero en los de carga se movían por el techo del tren y saltaban al vagón siguiente. Era un trabajo peligroso, de gente ruda y temeraria. El escalafón ferrocarrilero era uno de los que mejor garantizaban los derechos de sus trabajadores y rápidamente ascendió a maquinista. Tenía una fuerte corriente de simpatía que irradiaba su inconfundible personalidad. Tenía un eficaz desempeño en sus servicios y ante cualquier situación de peligro, su arrojo rayaba en la temeridad, trepaba por las escalerillas de los trenes como un felino y ponía maneas en los momentos de una inminente catástrofe. Carecía de la noción del peligro, poseía en alto grado la virtud del valor personal, tenía sangre fría que calculaba sus actos y muy buena voluntad que siempre manifestaba en su trabajo.
La construcción del ferrocarril era de Mazatlán a Guadalajara y se ocupaban millares de empleados. En ese campamento ferrocarrilero había una gran afluencia de gente. Fierro convivió con tahúres, fayuqueros, fonderas, músicos, y sobre todo mujeres de la vida galante. Toda esta élite pintoresca daba placer, solaz, distracción a la dura labor de los hombres del riel y Fierro se movía en ese ambiente de licor, placeres sensuales y faltos de dinero. En el tren que estaba a su cargo acomodaba a algunas personas que viajaban sin pagar, unas veces por necesidad y otras por conveniencia. Ese dinero extra mitigaba en parte sus gastos personales. Ahí lo sorprendió la revolución de 1910, no tomó parte en la lucha armada pero sirvió a ella en la forma en que el ferrocarril la sirvió.
Fierro entra a La bola
En 1912 (33 años) se incorporó a las fuerzas revolucionarias en Parral, Chihuahua, cuando combatían a las tropas de Orozco. Fierro no fue un bandido como lo fue el general Villa, pero tenían de común ambos la rara y excepcional virtud del valor personal. Tomás Urbina regresaba de Durango, plaza que había tomado y saqueado y traía consigo a Fierro que se le había unido. A principios de septiembre de 1913 en Jiménez, se acercan por primera vez Fierro y Villa, dos hombres valientes y desde entonces estuvieron siempre unidos en los triunfos y las derrotas, compartiendo glorias y sin sabores en la histórica revolución.
Desde Jiménez, Villa ordenó el avance sobre Ciudad Juárez, defendida entonces por huertistas y orozquistas. Tan confiado estaba Villa, tanta era su fe en la toma de la plaza, que hizo caso omiso de su artillería y se adelantó al ataque con sólo la infantería, dejando inactiva la caballería en la retaguardia. Una de las defensas de la guarnición de Ciudad Juárez estaba a cargo de los colorados del coronel Enrique Portillo oriundo de Casas Grandes, con sus dos cañones y sus dos ametralladoras y del general José Inés Salazar también originario de Casas Grandes a quien el general Salvador Mercado ordenó atacar a Villa, para recuperar Juárez.
El 14 de noviembre 1913, después de la toma y ya en posesión de la frontera cuando Villa ordenó a Fierro que tomara dos trenes y que fuera por la artillería que había dejado atrás. A pesar del ataque enemigo, Fierro cumplió la orden. La actividad y energía de fierro en el desempeño de esa comisión halagó a Villa y ahí lo nombró jefe de guías. La única resistencia real la protagonizó el coronel Enrique Portillo (de Casas Grandes) atrincherado con unos 120 colorados en la plaza de toros. Villa perdió 14 hombres en el primer enfrentamiento. Hacia las seis de la mañana después de proceder con cautela los villistas destruyeron esta última resistencia. La victoria fue rotunda, 700 prisioneros. Villa actuó con generosidad ordenando los fusilamientos de sólo once de los detenidos, seis oficiales federales y cinco de los colorados entre ellos el coronel Enrique Portillo.
Fierro salva a Villa
Una tarde cuando Villa dormía la siesta en un catre al lado de su despacho, entró al cuarto un tipo con una navaja en la mano. Fabián Badillo lo tomó del cuello, Rodolfo Fierro forcejeó con él y le quitó la navaja, en el forcejeo el tipo escapó, pero Fierro lo mató con dos disparos. Nunca se supo quien había planeado el atentado, el tipo acababa de llegar de El Paso.
El 20 de noviembre 1913 salió de Chihuahua una columna de 5,000 hombres entre federales y colorados, para recuperar Juárez. Villa necesitaba un día para prepararse, reorganizarse, dar una batalla campal y llevarlos derrotados hacia el sur. Había que intentarlo costara lo que costara. Una situación de este tipo necesitaba audacia, inteligencia y sobre todo valor a toda prueba. Villa tenía que escoger aquel que ofreciera mayores posibilidades de éxito. Ese hombre tenía que ser Fierro que ya había demostrado sus dotes de intrepidez y valentía en el desempeño de cualquier comisión peligrosa. Llamó a Fierro y le ordenó: «Muchachito, (Fierro tenía 34 años, Villa 35). “Usted es muy valiente y buen ferrocarrilero, tome una máquina y una escolta y vaya a interponerse a los enemigos que vienen a atacarnos. Necesito un día para organizarme, deme ese día usted, cueste lo que cueste.»
Con una máquina de ferrocarril y una escolta no es posible detener una columna de 5,000 hombres. Presentar ofensiva frente a frente, más que ofensiva era un suicidio, pero en la guerra «órdenes son órdenes» y hay que cumplirlas y desde el momento en que las recibe, asume de manera directa la responsabilidad y tiene que poner en práctica todos los recursos para tener éxito. Fierro tomó la máquina y le enganchó diez coches vacíos, los cargó de dinamita, nombró su escolta entre ellos algunos dinamiteros y a Martín López y emprendió la marcha. El enemigo creyó que se trataba de un ataque formal y comenzó a atacar con su artillería. Fierro detuvo el tren, prendió fuego a los diez coches, después lo echó a andar y lo soltó «a máquina loca» y fue a estrellarse contra el enemigo, provocando una tremenda explosión, destrozando su convoy, armamento y la vía. Esto impidió el avance del enemigo y de esta hazaña se derivó parte de la victoria de Tierra Blanca el 23 de noviembre. Fierro se presentó ante Villa para informarle que no de un día sino de varios, podía disponer para reorganizarse. Villa quedó muy complacido y calificó la hazaña como útil y valerosa.
El 23 de noviembre en los campos de Tierra Blanca se entabló una de las más sangrientas batallas de aquella época. Al inicio Porfirio Talamantes (originario de Janos) y otros revolucionarios se lanzaron contra el enemigo. Talamantes quedó gravemente herido en esa acción y murió una semana después en un hospital improvisado. Los colorados destacaron con ataques muy importantes comandados por Jose Inés Salazar y José Flores Alatorre, pero la efectividad de la caballería de Villa se puso de manifiesto arrollando sobre el enemigo obteniendo una derrota completa.
Orozquistas y Huertistas huyeron en desorden, y sobre la vía del ferrocarril un grupo de fugitivos pretendía llevarse un tren. La máquina se movía en retirada y Villa no podía permitir que se escapara y con rapidez gritó:
—Le doy el grado de general al que me capture ese tren.
Los centauros se lanzaron a toda galope a seguir el tren.
Al frente iba Fierro que se adelantó como hábil jinete y avanzó rápido hacia el tren, sin que la lluvia de balas pudiera detenerlo. El tren estaba a punto de escapar, pero Fierro avanzó con destreza espoleando su caballo y alcanzando la escalerilla trasera del primer coche. Se afianzó a una de una de las varillas que sirven de estribo a la escalera para subir al techo, y se trepó como un felino, frenó el tren hasta que se inmovilizó, con su escolta luchó contra los soldados y los maquinistas hasta que los mataron y ganaron terreno para tomarlos prisioneros.
La fiesta de las balas
El campo quedó regado de cadáveres, armas, caballos, artillería, todo fue abandonado por el enemigo. Tomaron 500 prisioneros, 300 eran colorados. Villa ofreció a los huertistas la decisión de incorporarse a su ejército o retirarse y a los colorados los sentenció a muerte y quien si no el «muchachito Fierro» merecía ese honor.
—Venga acá amiguito, usted me afusila a todos estos hijos de…
Villa odiaba a los colorados por la traición de Orozco a la revolución.
El «fusilamiento» (matanza) de los 300 colorados lo efectuó Fierro con su asistente y tres pistolas en una sola tarde. Los colorados fueron llevados a un cuarto de un corralón como si fuera ganado. Se situó en un cuarto inmediato, tendió en el suelo un sarape y vació sobre él todo el parque que traía. Fierro tenía una magnifica puntería pues desde joven aprendió a tirar con pistola y nunca lo hizo mal. Ordenó que salieran corriendo del cuarto en grupos de diez en diez. El que lograra cruzar el corral y brincaran la barda, se salvaría. Cuando Fierro dio fin a su tarea fue a recostarse en unos sarapes sobre el suelo y sin remordimiento se durmió tranquilamente en medio del silencio de la noche. (Continuará)
El gobierno que se merecen…
El viejo dicho de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, pareciera real. Incluso vamos a aceptar que es así de simple y que los mexicanos tenemos al gobierno que nos merecemos, al margen de un análisis más puntual, que podría echar por la borda la aseveración… pero insistamos en la simplificación y demos la frase por buena.
Si ya dimos el dicho por un reflejo de la realidad, entonces estamos a punto de lograr un mejor gobierno, concretamente el pueblo de Juárez lo merece. El pasado Domingo de Pascua, se atiborró los parques de la ciudad y con ello se generó 47 toneladas de basura. Después de tres años de temor y muerte, los juarenses empiezan a retomar sus espacios públicos y lo hacen con gran orden y responsabilidad: la mayor parte de las 47 toneladas de basura, estaban en bolsas y en los contenedores colocados para tal efecto en los parques de la ciudad.
Miles de familias juarenses disfrutaron de un domingo con buen clima, de acercamiento familiar y lo culminaron con una muestra de amor por la ciudad, con una acción muy simple, pero no necesariamente común: pusieron la basura en su lugar.
Ojalá sea uno de los primeros actos palpables, con los que la ciudadanía está reclamando, mejores gobiernos y mejor actuación de los actuales. En un acto de inteligencia colectiva, hicieron su parte, esperando que el gobierno en sus tres esferas haga lo propio.
Un primer acto de correspondencia del gobierno municipal, por ejemplo, podría ser el reponer los cientos de depósitos de basura colocados hace quince años por la administración de ramón Galindo Noriega, mismo que nunca tuvieron mantenimiento y en su mayoría están inservibles o sólo quedan algunos vestigios de su existencia.
El centro de la ciudad, el abandonado y agónico centro histórico, siempre tan sucio, lo está así, porque se pueden caminar seis o siete cuadras, sin encontrar un depósito apropiado para la basura y me refiero a alguna caja o recipiente colocado por algún comerciante, porque lo que son depósitos de uso público no existe ninguno, por lo menos no en condiciones de uso.
Mientras llegan los gobiernos que el pueblo de Ciudad Juárez se merece, bueno sería que los actuales, hicieran esta simple acción en su propio beneficio: colocar recipientes de basura apropiados en el primer cuadro de la ciudad y les dieran atención y mantenimiento.
Ahorrarían mucho dinero en la limpieza que se realiza en la zona todas las madrugadas. Estimularían el simple acto de civilidad que significa poner la basura en su lugar, tal y como se hizo el domingo pasado en los principales parques de la ciudad. Si el centro de la ciudad se encuentra sucio, es porque solamente los juarenses de espíritu heroico, cargan la basura por los kilómetros que sean necesarios para depositarla en un recipiente adecuado.
Editorial de la edición 1027
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